Tú.

Tú. No sé cómo expresarlo, pero verte me perturba el pensamiento. Me conduces a fantasear contigo en historias interminables hasta que desapareces de mi vista, con un acercamiento casi casto ahí afuera, pero el roce de tu mano en mi brazo durante un instante y esos besos distintos a los otros, marcados con tus labios en mi rostro, a modo de sello que perdura unas cuantas horas más...esos besos me hacen tiritar por dentro, querer seguirte en secreto por las calles a las que tú me llevaras, y cambiar el curso de la historia, convirtíendome en tu amante o en el motivo de tu risa, de tus miradas, de tu cuerpo.

Me estoy volviendo loca, me digo. Y por eso le doy rienda suelta aquí, en este pequeño espacio. Aquí puedo decirme a mí misma que quiero una escena de película contigo como protagonista. Puedo decirme que ardo en un deseo físico y mental de tu cuerpo y tu sentido del humor. Que intento no mirarte demasiado para que no se me note. Pero cuánto querría un momento a solas, en una casa vacía, donde poder empezar hablando y terminar quién sabe dónde o cómo, disfrutándote. Disfrutarte.

Puedo disimular porque no te veo a menudo, y porque cuando lo hago se me pasa en ese mismo día si hay suerte, eso de pensar en ti. Pero en esos minutos eternos de excitación contenida no me frenan la fantasía todos los motivos por los que no debería ni siquiera desearte en silencio. Si pudiera hablar...te diría que ojalá te hubiera conocido en otro momento, y te preguntaría dónde estabas cuando yo buscaba a alguien con quien compartir mis días. Alguien como tú. Que hubiera querido ser tan querida como lo es por ti ella. Ese amor...esa forma de mirarla y esa complicidad. Me hacen teneros envidia y querer verme algún día de esa manera con otro. Es lo que me queda cuando te vas de mi mente.

Haces que mi cuerpo se abra de repente. Que me arda el pecho y sonría mirando hacia abajo. Tu mirada directa provoca escalofríos internos, y la temo. Por eso la huyo. Me haces ser consciente de mi propio cuerpo, y de si los pantalones marcan más mi figura. Pienso qué pensarás de mi cuerpo, y si en algún oscuro rincón de ti lo has deseado alguna vez. Haces que me ría y que sonría a tus ingeniosos comentarios. Y que tenga ganas de cruzar la mesa y hacer que todos desaparezcan para tumbarte sobre ella con besos y mordiscos, entre jirones de ropa. Haces que quiera que pronuncies mi nombre en susurros, en una habitación en penumbra. O que lo pronuncies suplicando, entre delirios, en un espectáculo sólo para mí.

Qué voy a hacer contigo...Eres el ideal de hombre al que querría meter en mi cama esta noche, y olvidar el resto de lo que sucedió en confidencias de amantes.

Sólo rezo porque nunca se dé la situación de quedarme a solas contigo en una habitación ni un sólo instante. No podríamos responder, explicar, ni yo...ni mucho menos tú.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Vacío fértil

Siete esquinas,7

la varita