Cinco minutos
Escucho el Canon de Pachelbel y dejo que la luz penetre en mi interior. Me lleva a lugares donde nada se cayó ni se vio corrompido por las desgracias y el tiempo. Me lleva a la libertad de volar como un pájaro sin mano en la que posarse. Las praderas verdes, la alegría, la energía de vivir. Así me imaginaba yo la vida.
Se me rompió la mía cuando él decidió jugar con el azar de la enfermedad y el vacío. Se me llenó de cicatrices el alma, de heridas sangrantes sin cura posible. Se me llenó de días grises. Y la realidad vino a ponerse delante de mí, cual fantasma. Le dije "pero tú qué haces aquí" y ya nunca más me pudo abandonar. He intentado correr para que no me persiguiera, guarecerme en lugares recónditos de mi imaginación. Poner un paraguas a modo de escudo, sacar espadas y luchar por hacer pedazos este mundo. Pero aquel fue el punto de inflexión para todo lo demás.
Cuando me quise dar cuenta debía ser adulta, y me entró tanto miedo que no quise mirar. Entonces me calcé la venda y dije "a caminar" Pero todo fue multiplicándose, gestándose en mi vientre como un niño a punto de nacer. Parirlo fue doloroso, pero ahí está ahora, intentando dar sus primeros pasos.
Yo quería ser un pájaro. Y romper el cascarón. Cortar el cordón umbilical y perderme entre el gentío, como una más. Pero la cáscara era de las duras, y al pollito no le habían crecido alas. Yo quería ser un águila real, un halcón, y desplegar la envergadura de mis plumas y hacer una silueta grande, majestuosa. Pero el viento soplaba demasiado fuerte aún. Las corrientes me llevaban de un lado a otro. La lluvia me hacía pesar más.
Y así han pasado los días, queriendo ser lo que no soy. Luchando por aguantar los momentos más duros y realistas. Luchando por hacerme amiga de mi propia soledad. En esos momentos sólo puedo pararme y llorar. Y desearme a mí misma un futuro mejor. Y desear encontrarme algún día sin nada de dolor. Porque el dolor pasa, pero hay etapas en las que se queda un ratito más, y cuesta echarlo. Déjame un minuto. Un minuto sólo para lamentarme por todo lo que cambió sin yo quererlo. Un minuto más para hacerme a la idea. Un minuto más para llevarte conmigo y pensarte. Un minuto más para sentirme. Y otro más para echar a volar sin mirar atrás.
Se me rompió la mía cuando él decidió jugar con el azar de la enfermedad y el vacío. Se me llenó de cicatrices el alma, de heridas sangrantes sin cura posible. Se me llenó de días grises. Y la realidad vino a ponerse delante de mí, cual fantasma. Le dije "pero tú qué haces aquí" y ya nunca más me pudo abandonar. He intentado correr para que no me persiguiera, guarecerme en lugares recónditos de mi imaginación. Poner un paraguas a modo de escudo, sacar espadas y luchar por hacer pedazos este mundo. Pero aquel fue el punto de inflexión para todo lo demás.
Cuando me quise dar cuenta debía ser adulta, y me entró tanto miedo que no quise mirar. Entonces me calcé la venda y dije "a caminar" Pero todo fue multiplicándose, gestándose en mi vientre como un niño a punto de nacer. Parirlo fue doloroso, pero ahí está ahora, intentando dar sus primeros pasos.
Yo quería ser un pájaro. Y romper el cascarón. Cortar el cordón umbilical y perderme entre el gentío, como una más. Pero la cáscara era de las duras, y al pollito no le habían crecido alas. Yo quería ser un águila real, un halcón, y desplegar la envergadura de mis plumas y hacer una silueta grande, majestuosa. Pero el viento soplaba demasiado fuerte aún. Las corrientes me llevaban de un lado a otro. La lluvia me hacía pesar más.
Y así han pasado los días, queriendo ser lo que no soy. Luchando por aguantar los momentos más duros y realistas. Luchando por hacerme amiga de mi propia soledad. En esos momentos sólo puedo pararme y llorar. Y desearme a mí misma un futuro mejor. Y desear encontrarme algún día sin nada de dolor. Porque el dolor pasa, pero hay etapas en las que se queda un ratito más, y cuesta echarlo. Déjame un minuto. Un minuto sólo para lamentarme por todo lo que cambió sin yo quererlo. Un minuto más para hacerme a la idea. Un minuto más para llevarte conmigo y pensarte. Un minuto más para sentirme. Y otro más para echar a volar sin mirar atrás.
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