PARANOIA
Una idea. Un segundo. Ya está dentro. Y crece. Está creciendo. No puedes pararla. Todo es cierto, es cierto pero algo...algo no cuadra. Y no sabes si es lo que hay en tu mente o fuera, pero con urgencia quieres que alguien te diga si te estás volviendo loca o si es que ves la realidad de repente, una realidad escondida que se manifiesta en toda su crudeza. No es más que miedo. Un miedo extremo, imposible de controlar. Tu peor pesadilla de pronto ahí, rebotando contra las paredes de tu cráneo una y otra vez, flotando en el líquido raquídeo. Es ridículo. Es ridículo, lo sabes. Y piensas en todos tus antecedentes: alguien en tu familia quizá empezó por eso, por un momento de duda sobre el mundo que le rodeaba mientras intentaba darse una ducha para limpiar lo sucio que había en él. Y si abro la mampara igual todo cambia...y si sigo respirando así estaré hiperventilando y me habré provocado a lo tonto un ataque de pánico, imposible de frenar. Te dices: todo pasa. Todo pasa. No es cierto, no podría serlo. Qué duro si lo fuera...¿y si lo fuera? y vuelta a empezar. Cómo frenarlo, cómo pararlo. Te preguntas una y otra vez "qué me pasa" "¿es esto la locura?" "¿es esto el miedo?" pero...qué cojones es??? Y por mucha psicología que hayas estudiado, ahora eres el famoso sujeto. Qué le dirías. Le calmarías. Pensarías desde fuera que se le ha ido la cabeza...completamente, y pobrecillo, cómo puede su mente hacerse eso a sí mismo. Cuánto dolor más quiere soportar, cuán poco tiene para ponerse más y delirar. Piensas: es un momento de mucho estrés emocional, y por eso se me escapan estas cosas, se me escapan. ¿Tengo justificación para estar pensando algo tan absurdo y ridículo? ¿Cómo puedo desconfiar así de las personas? ¿Cuánto daño me ha hecho mi propia historia? ¿Cuánto está de presente para manifestarse así en este mismo instante de locura transitoria? ¿Cuánto escondo por no romperme? Y me digo que no tengo remedio. No lo tengo, ni excusa tampoco. No hay nada que pueda ajustarse a una lógica en plena paranoia. No hay nada...excepto empezar a respirar y decirte que lamentas la pérdida, que eso es lo que ocurre, que quizá no la soportas. Que tu mente no estaría preparada para ver la derrota ante tus narices, y que te llenarías de arrepentimiento por todo lo hecho, por todo lo que dejaste de hacer por salvarlo, por lo que te vendiste, por lo que aguantaste y por lo que quisiste. No puede ser amor. Y sin embargo, es el amor llevado a sus últimas consecuencias, a su extremo más ruin. A la desesperación. Al dolor. En qué momento todo cambió tanto como para terminar siendo esto. Yo, una persona que no para de disculparse por la cantidad de estupideces que hace sin sentido. Sin sentido. No tiene sentido, y eso me marea una y otra vez. Me grita por dentro. Se ríe de mí. Y no dejo de sentirme perseguida. Pero lo que más me persigue son mis propios pensamientos incoherentes. Lo que más me persigue es el dolor de una vida cuyos cimientos se están cayendo en pedazos. Y la dificultad de volver a construir con estas manos, que están agrietadas de tanto como hicieron. Sólo quiero la verdad...y la verdad algún día, qué miedo..., puede ser aquella que yo misma me acabe construyendo. Una verdad de paranoia y dudas. Otra Alex en mi contra, haciéndome jugar malas pasadas, destruyéndome. Hasta acabar en la nada, o cayendo al vacío de un suelo mojado.
No hay palabra que pueda etiquetar este cúmulo de emociones, ni trastorno que las explique, ni nada en el mundo que se asemeje a ello. Excepto sentir que todo se ha perdido en el camino.
No hay palabra que pueda etiquetar este cúmulo de emociones, ni trastorno que las explique, ni nada en el mundo que se asemeje a ello. Excepto sentir que todo se ha perdido en el camino.
Comentarios
Publicar un comentario