Hoy mi mente es un lugar difícil de habitar. Me siento perdida en un mar de dudas. Perdida entre el pasado, el presente y el futuro. Tengo ganas de llorar y no sé por qué. Pero quizá sólo debería llorar por si acaso...por todo lo perdido.

Sí, me hubiera gustado que tú fueras quien me llevara de la mano en estos días complicados y confusos. Pero no me atrevo a decirte directamente que me ayudes, y me cuesta expresarme ante ti. Porque decirte que me ayudes sería dar más de un paso hacia atrás, y quizá ni tú (eso está claro) ni yo queremos darlos en realidad. No puedo escapar de una mala situación por ti. Ni contigo. Porque no estás aquí.

Supongo que las palabras han dejado de tener un contenido entre tú y yo. Y que ya no puedo hablarte como antes. Supongo que es que ya no eres el mismo de antes, ni en la realidad ni en mi mente. Y que duele no encontrarte más que en el recuerdo, que no quiero recordar.

Me iría de viaje, como harás tú en poco tiempo, saldria de aquí lejos. Pero creo que me sentiría igual de perdida que si me quedo. Y no sé ocupar mi tiempo cuando estoy así, a pesar de tener muchas cosas que hacer. Todo esto es como un balcón. Un balcón por el que quiero saltar a veces, al vacío, y noto la necesidad de dormir. De dormir para ver si recupero fuerzas, sin parar de hacerlo. Dejar que pasen los días y el tiempo sin enterarme realmente de lo que pasa. Te echo de menos y llevas razón: es algo que yo tengo que solucionar conmigo misma. Pero cuándo...

Sólo sé que no estoy bien y que se arremolinan en mi mente muchas imágenes a un mismo tiempo, y se solapan y se superponen unas a otras, sin dejar espacio para nada más. Supongo que esto es la desrrealización, esta sensación de irrealidad sobre todo aquello que me pasa. Supongo que debería coger la bici y pedalear durante horas, o caminar por el parque natural a solas y ordenar un poco todo lo que hay en mi mente. Pero es curioso...siento que no puedo actuar. No me responden los músculos si quiero que se muevan, sólo la mente funciona y no lo hace muy bien que digamos. Es como si estuviera paralizada de horror y de miedo, y no puedo hablar.

No eres tú quien causa todo esto. Espero que lo entiendas. Que no soy más que yo, y mis circunstancias y mis problemas que no puedo quitarme de encima. Cómo lo haces...Siempre he querido que alguien me enseñara a hacerlo. A actuar, y a saber qué me pasa. Qué me pesa tanto como para no poder moverme. Quizá es tu pérdida. Quizá es el rumbo, en mi mente casi negro, que todo está tomando.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Vacío fértil

Siete esquinas,7

la varita