El laberinto
A veces, cuando quiero pasear, me introduzco en un laberinto con muros de hormigón, y llenos de puertas que conducen a alguna parte. Es un laberinto un tanto extraño, pero siempre encuentras algo en él. Dentro el tiempo no sigue las pautas del reloj. Es un tiempo distinto, etéreo. Más bien flota,y a veces puede ir muy deprisa y otras muy despacio, incluso pararse. Puedes encontrarte caminando kilómetros sin saberlo, pero en él las distancias se miden más bien pasos. Cada ciertos pasos suele haber una puerta.
Las puertas tienen letreros, aunque alguna no está etiquetada y sorprende al entrar.
Los letreros suelen ser bastante extraños...
En una pone "primavera" y el tiempo es cálido, agradable, no tiene techo y el cielo es azul claro, con un gran sol a lo lejos que te alumbra nada más entrar. Las paredes a veces se derriten, y dan paso a una gran explanada verde, donde habitan pequeños bichitos que saltan y vuelan. Se suele ver en ella muchas mariposas blancas que auguran felicidad y suerte. Vuelan sin ser conscientes de que están encerradas de algún modo en una pequeña porción de ese laberinto. Pero tienen la sensación de libertad y de pureza, de que pueden dirigirse adonde quieran.
En otra puerta pone simplemente "cuidado" y al cruzarla generalmente te encuentras con vientos huracanados difíciles de soportar. A veces se les mezcla una lluvia fina, de esa que te cala los huesos, y el cielo es gris. La sensación es de confusión, de un diluvio que no cesa, de un viento que arrasa toda la gravedad que pueda anclarte al suelo. Si permaneces mucho tiempo en ella fácilmente puedes salir volando en una espiral sin sentido, mareada por la inercia de la fuerza del desequilibrio. Cuando quieres salir tienes que tener mucha paciencia, porque la puerta quiere mantenerse abierta con la corriente de aire. Y hay que luchar para poder cerrarla. A menudo incluso está bajo llave, por lo que pudiera pasar si se abre de golpe. Llenaría el laberinto de hojas secas, empaparía el resto de paredes, y arrasaría con todo lo que hay en él. Iría abriendo el resto de puertas para penetrar en ellas y acabar con lo que queda. Abrir esta puerta es realmente un paso peligroso. Y cuando alguien me acompaña al hacerlo, es probable que le sea difícil salir de allí, y que no tenga ganas de volver a visitar el laberinto. Que de repente ya no le parezca divertido, ni sorprendente, ni original.
Pero sí que lo es...
Hay también otra habitación que quizá sea mi favorita. El letrero es "música" y al entrar sólo hay una pequeña lámpara con luz tenue en un rincón. Las paredes proyectan sombras ligeras y volátiles, y siempre se oye de fondo una melodía que recuerda a algo. Cuando la melodía puede asociarse, a veces se proyecta en la pared principal alguna imagen. Generalmente rostros, o momentos. Aunque desaparecen pronto y te dejan en esa penumbra un rato, mientras se escucha un eco difícil de descifrar. La música puede ser de cualquier tipo, pero generalmente te lleva a una sensación de tranquilidad y calma.
La siguiente habitación se llama "infancia", y al abrirla siempre verás la proyección de dos niñas jugando juntas. Suelen pasar, a modo de fotografías rápidas, múltiples imágenes. Sólo puede escucharse la risa y la alegría infantil de quien no tiene más cargas. El problema de esta habitación es que a veces la puerta se atasca, o hace mucho ruido al abrirla por el óxido de las bisagras. Es la más antigua de todas, y la más difícil de encontrar al pasear por la encrucijada de calles.
Hay una habitación cuyo letrero es "miedo". Este letrero suele saltar de una habitación a otra, y colocarse en distintos lugares. Es una habitación que viaja, y por eso puedes encontrarla en cada una de las visitas al laberinto. De repente puede aparecer en el lugar de otra, como si estuviera deseando que la abrieras. Alguna vez he entrado en ella, y es una habitación extraña. Suele estar completamente a oscuras, y hay mucha humedad. En seguida sientes frío y la necesidad de salir de allí. Todo es silencio y acabas temblando en ella, por lo que en ocasiones casi te obliga a sentarte en el suelo y quedarte un rato, hasta que vuelvas a encontrar la fuerza para salir de nuevo por la puerta. A veces aparece llena de puertas en su interior. Suele conducir al resto de habitaciones, pero si decides acceder a ellas por una de estas puertas (y no por la principal) puedes asegurarte un viaje un tanto complicado de aguantar sin acabar agotado del todo. Es como una habitación que intenta conectar con el resto, y que todo lo cambia.
En otra puerta puedes encontrarte el letrero "máscaras" Está llena de espejos que proyectan tu imagen en el vacío una y otra vez. Suele también estar habitada por muchos personajes distintos, todos ellos disfrazados y bailando al ritmo de un vals de salón algo anticuado. Las máscaras nunca se acaban. Si una de ellas se cae del rostro de este personaje, inmediatamente aparece, casi por arte de magia, una nueva. Allí no se sabe quién es quién, ni nadie te dirige la palabra, tan preocupados por seguir bailando con su acompañante o en soledad una canción eterna.
Sólo hay una habitación sin letrero que yo haya podido averiguar. Suele tener la puerta pintada de un color muy claro, casi pastel. Da la sensación de ir a encontrarse con algo delicado. Suele haber un espejo y una mujer desnuda observándose en él, casi sin pestañear. La mujer va cambiando con el tiempo. Al principio parecía una niña, pero luego le fueron creciendo pechos y su figura se fue moldeando lentamente. A veces esta mujer llora sin parar, y se agarra el rostro entre las manos. Otras intenta tocar su reflejo y acariciarlo, a modo de consuelo. Durante un tiempo se dedicaba a reír sin parar, doblándose por el esfuerzo hacia su propia imagen. Se la veía muy feliz. En otra ocasión la he visto intentando pintarse la cara con pinturas que iban chorreando por su piel, hasta hacer un rostro casi grotesco e imperceptible. A veces simplemente está tranquila. Y ha habido un tiempo en el que no se observaba en el espejo, sino que se agarraba las rodillas llevándolas hacia su frente, hecha un ovillo, muy quieta, en una esquina de la habitación. Casi no se la oía respirar. Fue cuando en el espejo se reflejaba un hombre. Un hombre bajito y moreno, pero con una cara que asustaba. Parecía que no la dejaba un hueco para poder contemplarse, y ella entonces decidía estar en ese estado de aletargamiento. Al verlos he pensado a menudo que no entendía muy bien qué hacían cada uno. Pero ella parecía dormida...
Las puertas tienen letreros, aunque alguna no está etiquetada y sorprende al entrar.
Los letreros suelen ser bastante extraños...
En una pone "primavera" y el tiempo es cálido, agradable, no tiene techo y el cielo es azul claro, con un gran sol a lo lejos que te alumbra nada más entrar. Las paredes a veces se derriten, y dan paso a una gran explanada verde, donde habitan pequeños bichitos que saltan y vuelan. Se suele ver en ella muchas mariposas blancas que auguran felicidad y suerte. Vuelan sin ser conscientes de que están encerradas de algún modo en una pequeña porción de ese laberinto. Pero tienen la sensación de libertad y de pureza, de que pueden dirigirse adonde quieran.
En otra puerta pone simplemente "cuidado" y al cruzarla generalmente te encuentras con vientos huracanados difíciles de soportar. A veces se les mezcla una lluvia fina, de esa que te cala los huesos, y el cielo es gris. La sensación es de confusión, de un diluvio que no cesa, de un viento que arrasa toda la gravedad que pueda anclarte al suelo. Si permaneces mucho tiempo en ella fácilmente puedes salir volando en una espiral sin sentido, mareada por la inercia de la fuerza del desequilibrio. Cuando quieres salir tienes que tener mucha paciencia, porque la puerta quiere mantenerse abierta con la corriente de aire. Y hay que luchar para poder cerrarla. A menudo incluso está bajo llave, por lo que pudiera pasar si se abre de golpe. Llenaría el laberinto de hojas secas, empaparía el resto de paredes, y arrasaría con todo lo que hay en él. Iría abriendo el resto de puertas para penetrar en ellas y acabar con lo que queda. Abrir esta puerta es realmente un paso peligroso. Y cuando alguien me acompaña al hacerlo, es probable que le sea difícil salir de allí, y que no tenga ganas de volver a visitar el laberinto. Que de repente ya no le parezca divertido, ni sorprendente, ni original.
Pero sí que lo es...
Hay también otra habitación que quizá sea mi favorita. El letrero es "música" y al entrar sólo hay una pequeña lámpara con luz tenue en un rincón. Las paredes proyectan sombras ligeras y volátiles, y siempre se oye de fondo una melodía que recuerda a algo. Cuando la melodía puede asociarse, a veces se proyecta en la pared principal alguna imagen. Generalmente rostros, o momentos. Aunque desaparecen pronto y te dejan en esa penumbra un rato, mientras se escucha un eco difícil de descifrar. La música puede ser de cualquier tipo, pero generalmente te lleva a una sensación de tranquilidad y calma.
La siguiente habitación se llama "infancia", y al abrirla siempre verás la proyección de dos niñas jugando juntas. Suelen pasar, a modo de fotografías rápidas, múltiples imágenes. Sólo puede escucharse la risa y la alegría infantil de quien no tiene más cargas. El problema de esta habitación es que a veces la puerta se atasca, o hace mucho ruido al abrirla por el óxido de las bisagras. Es la más antigua de todas, y la más difícil de encontrar al pasear por la encrucijada de calles.
Hay una habitación cuyo letrero es "miedo". Este letrero suele saltar de una habitación a otra, y colocarse en distintos lugares. Es una habitación que viaja, y por eso puedes encontrarla en cada una de las visitas al laberinto. De repente puede aparecer en el lugar de otra, como si estuviera deseando que la abrieras. Alguna vez he entrado en ella, y es una habitación extraña. Suele estar completamente a oscuras, y hay mucha humedad. En seguida sientes frío y la necesidad de salir de allí. Todo es silencio y acabas temblando en ella, por lo que en ocasiones casi te obliga a sentarte en el suelo y quedarte un rato, hasta que vuelvas a encontrar la fuerza para salir de nuevo por la puerta. A veces aparece llena de puertas en su interior. Suele conducir al resto de habitaciones, pero si decides acceder a ellas por una de estas puertas (y no por la principal) puedes asegurarte un viaje un tanto complicado de aguantar sin acabar agotado del todo. Es como una habitación que intenta conectar con el resto, y que todo lo cambia.
En otra puerta puedes encontrarte el letrero "máscaras" Está llena de espejos que proyectan tu imagen en el vacío una y otra vez. Suele también estar habitada por muchos personajes distintos, todos ellos disfrazados y bailando al ritmo de un vals de salón algo anticuado. Las máscaras nunca se acaban. Si una de ellas se cae del rostro de este personaje, inmediatamente aparece, casi por arte de magia, una nueva. Allí no se sabe quién es quién, ni nadie te dirige la palabra, tan preocupados por seguir bailando con su acompañante o en soledad una canción eterna.
Sólo hay una habitación sin letrero que yo haya podido averiguar. Suele tener la puerta pintada de un color muy claro, casi pastel. Da la sensación de ir a encontrarse con algo delicado. Suele haber un espejo y una mujer desnuda observándose en él, casi sin pestañear. La mujer va cambiando con el tiempo. Al principio parecía una niña, pero luego le fueron creciendo pechos y su figura se fue moldeando lentamente. A veces esta mujer llora sin parar, y se agarra el rostro entre las manos. Otras intenta tocar su reflejo y acariciarlo, a modo de consuelo. Durante un tiempo se dedicaba a reír sin parar, doblándose por el esfuerzo hacia su propia imagen. Se la veía muy feliz. En otra ocasión la he visto intentando pintarse la cara con pinturas que iban chorreando por su piel, hasta hacer un rostro casi grotesco e imperceptible. A veces simplemente está tranquila. Y ha habido un tiempo en el que no se observaba en el espejo, sino que se agarraba las rodillas llevándolas hacia su frente, hecha un ovillo, muy quieta, en una esquina de la habitación. Casi no se la oía respirar. Fue cuando en el espejo se reflejaba un hombre. Un hombre bajito y moreno, pero con una cara que asustaba. Parecía que no la dejaba un hueco para poder contemplarse, y ella entonces decidía estar en ese estado de aletargamiento. Al verlos he pensado a menudo que no entendía muy bien qué hacían cada uno. Pero ella parecía dormida...
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