La libertad

De nada sirve lamentarse. Sólo entender. Cuando algo se entiende se puede actuar sobre ello. Hasta el momento yo he dejado que pasaran los años queriendo entender sin saber dónde encontrar las preguntas que me llevarían a abrir puertas. Ahora que la caja de Pandora ha sido abierta, puedo representarme mi historia de otra manera. Dejar de culparme por cada cosa que hice, y saber que respondía a una carencia. Una carencia que nunca he querido aceptar y que, sin embargo, es la base de la vida. Si tuviera que decir cómo he ido llegando hasta aquí diría que me he dedicado a sobrevivir más que a vivir. Cuando creía precisamente que vivía, sobrevivía malamente. Y cuando he creído que no vivía estaba, quizá, viviendo más que en ningún otro momento. Ahora estoy algo más serena y tranquila, mientras me fumo un cigarro (una herencia que algún día cambiaré)y escribo estas líneas. Al final va a ser cierto aquello de que no hay mal que por bien no venga. Más bien no hay mal que se decida vivir que no responda a algo sin solucionar. Repetimos una y otra vez el mismo error, dejándonos decapitar como si fuera cosa del destino y qué equivocación. Sólo basta con que te lo expliques a ti misma, que no significa lo mismo que justificarte para no sentir lo irremediable. Basta con que experimentes cada una de las sensaciones buscando las palabras de lo que fuiste en ellas, para poder llegar a conseguir la libertad, que no es más que no sentirse encadenada a tu propia mente sin encontrarle un sentido.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Vacío fértil

Siete esquinas,7

la varita