La mujer que hay en mí

Tengo ganas de hacer un dibujo de mí, o enmarcar una foto mía y ponerla en mi habitación. Alguien podría pensar que no es más que egocentrismo. Habrá quien incluso a estas alturas me considere así, por hablar a menudo de mí misma. Yo sigo pensando aquello de Nietzsche, que hablar mucho de uno mismo es una forma de esconderse. Además, la gente no sabe que realmente esto es aquello de lo que puedo escribir hacia fuera. Pero que una gran amiga me regaló la sucesión de una serie de cuadernos estrenados este año en los que escribo lo que está siendo realmente mi proceso interno, que al final guardo para mí.

A mí lo de la foto me parece un buen indicio. Tengo ganas de quererme bajo el sol, de contemplar mi piel morena, y acepto mi pérdida de kilos no como un signo de algún tipo de enfermedad, sino de que me cuido más que nunca. La gente me dice que últimamente estoy más guapa. Quizá es que soy más yo. Me he hecho con un armario de ropa india de algodón y seda, de pañuelos en la cabeza y de gafas a lo ´70. Estoy pensando seriamente en retomar el yoga, cuando mi cuenta me dé un respiro con lo que me estoy gastando en la terapia (por cierto, muy bien pagado) y retomar mis estudios de francés, ponerme también algo al día con el inglés. Yo era aquella chica que aprendería cinco idiomas...He dejado de analizarme demasiado negativamente para intentar ver lo que hay detrás de las capas que me puse.

Ahora que no me voy a graduar por lo formal, pero siento el final más que nunca en mi interior, estoy tomando una serie de decisiones los días en los que puedo tomarlas. La forma de vestir es una tontería, pero yo, que estoy pasando la separación que no pasé en mi adolescencia, me identifico con las formas porque el resto lo tengo ya casi resuelto. Empieza a gustarme cómo suena mi nombre, exótico, místico. Y me gusta lo que me escucho decir cuando reflexiono. En ocasiones vuelvo a sentirme yo, con ese punto de locura y espontaneidad, con esas propuestas en el último minuto, con ese sentido del humor algo vulgar y negro, y muy irónico. Vuelve a interesarme el cosmos y la música algo diferente, los libros sin sentido o la filosofía zen, o la naturaleza del hombre. Me gusta la intimidad de mi cuarto, y poder decir lo que pienso en cada momento de una forma educada y respetuosa. Me gustan los viernes con amigas, y que alguien me llame para proponerme unas cañas. Estoy pensando en salir a dar paseos, ahora que el buen tiempo acompaña. O descolgar la bici y hacer un poco de ejercicio, o caminar por el parque natural. Estoy pensando en viajar sola este verano, aprender idiomas, arriesgarme a hacerlo sin miedo en la mochila. Experimentar cómo me siento. Estoy pensando en escribir sobre algo, una especie de novela sin sentido pero que cuente algo interesante. Quizá el paso a la madurez podría ser un buen tema. Me he comprado también un puzzle para fomentar mi paciencia y ocupar mi tiempo libre. Me gusta ver series bien documentadas, y descubrir películas nuevas y raras. Algunos dirían que son mis clásicas ideas, pero lo importante no es ver si las cumpliré o no, sino que ahora soy capaz de tenerlas, tras unos meses en la oscuridad absoluta respecto a mi futuro o a lo que yo soy.

Me siento bien en lo que hago, y mantengo buenas relaciones con las personas que me rodean. Me gusta hacia dónde va mi camino, y pensar que sólo yo decido. Estoy intentando dejarme el miedo en casa, reír y llorar con libertad, volar hacia donde quiera hacerlo.

Y me imagino siendo lo que quiera ser.

Siempre quise verme como una mujer independiente, segura de sí misma, mezclando lo femenino y lo masculino en su interior. Me he dejado el pelo largo, y me veo mejor. Me maquillo menos y me hace sentir más tranquila. Me he rizado el pelo porque quería ser una mujer con el pelo rizado. Me cultivo interiormente porque quería ser una persona inteligente. Escribo porque quería ser algo creativa y artística. No me cuestiono si lo hago mejor o peor, simplemente lo hago porque me gusta.

Creo que con la terapia estoy aprendiendo a despegarme de lo que no necesito para poder crecer. Creo que estoy atravesando la madurez de alguna manera, dejando ser una niña asustada para convertirme en mujer. Es curioso, pero pensaba que al hacer el amor una podía llamarse a sí misma ya mujer, por eso de hacer "cosas de adultos" a cierta edad. Y nunca me pareció (hasta ahora) una palabra que pudiera atribuirme. Ahora me siento menos alejada de aquello en lo que quería convertirme. Y en el fondo es para mí como una pequeña batalla ganada conmigo misma.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Vacío fértil

Siete esquinas,7

la varita