D.

Hace unos meses nos dijimos claramente muchas cosas. Sobre todo, que no éramos la solución el uno del otro. Después de un tiempo tengo muchas cosas que decirte. Para empezar, que era cierto, y que me alegro de no haberlo teñido todo, confundido todo una vez más. Ahora me siento yo cuando tú estás. Después de las múltiples lágrimas y Heineken's de los viernes. Nos salvamos algún domingo que otro. Y fue todo algo extraño, es cierto. Pero quizá las personas vienen y se van también de forma extraña. Siento que puedo contarte cualquier cosa, que puedo decirte "tengo miedo", o hablarte de mis sentimientos y reconocer mis locuras abiertamente. Me gusta que me estés acompañando en esta etapa, que seas el último que se va de la fiesta, que no huyas de lo que ves. Quizá la tolerancia sea eso, y la amistad también. Poder escribir un mail cuando apetece, poder decirle a alguien que le echas de menos sin pensar que quizá serás malinterpretada. Poder reír con alcohol en las venas, o poder encerrarse en un baño a llorar a lágrima viva en un domingo alejados de la ciudad sin que aporres la puerta diciéndome alarmado "qué te pasa"

Lo que más me gusta de ti es que no me juzgas, ni me pones etiquetas patológicas, ni haces más alarmante lo que a mí me lo parece. Lo que más me gusta es tu capacidad de mantener los pies sobre la tierra, de darme ánimos en los días jodidos, de escucharme llorar al teléfono y presentarte en un momento en casa con un piti de más. Lo que más me gusta de ti es tu discrección, tu capacidad de observar en silencio, lo que hablas cuando te pronuncias, tus respuestas sin hacerse demorar. Lo que más me gusta es que no esperamos nada el uno del otro. Sólo estamos, y eso es suficiente. A veces no es necesario aclarar tanto. A veces el tiempo va escribiendo por nosotros la historia. Te he cogido mucho cariño, es cierto. Has llegado en el peor momento y sin embargo estás. Cualquiera te diría, yo la primera, que eres algo masoquista, Didac. Eso de aguantar crisis de soledad a personas ajenas...Pero me recuerdas que puedo hacerlo sola, que no me hace falta nada ni nadie, excepto mirar en mi interior y hacerme caso por una vez en mi vida. Seguir el ritmo que marcan mis propios latidos, confiar en mí.

Te empeñas en ponerme un espejo delante, como yo contigo cuando te pones de día gris. Aún guardo ese mensaje que decía que lo que ves en mí es a una mujer maravillosa que no tiene nada que envidiar a las demás. Y ese abrazo después de contarte una parte difícil del camino. Ese abrazo que hubiera deseado tantas otras veces de otras personas y me lo viniste a dar tú, paradojas de la vida...Y así quedará en mi recuerdo. Como un hombre moreno y alto con sonrisa profident en quien confío que sale del coche y sin mediar palabra se acerca y me agarra fuertemente, y me devuelve aquello que ninguna persona con aparentemente menos miedo que tú fue capaz de darme.

A veces pienso que deberíamos habernos enamorado el uno del otro, así como quien no quiere la cosa. Esto me hace reír mucho, no sé por qué. Pero quizá no hubiéramos llegado a este punto, tan dulce para mí, en el que dejamos de ser un hombre y una mujer para ser iguales. Quizá igual de cobardes, de miedosos, de luchadores, de inseguros, de críticos, de radiantes...pero iguales. Sin gigantes o enanos. Sin perros ni amos. Y a veces me pregunto por qué no será así de fácil con otros, ya me entiendes. Verlos como a humanos, simplemente.

Eres una pieza clave, y espero que sigamos estando con el paso de los años. Por muy diferentes que nos vayan los caminos, por mucho que intenten alejarse.

Entiendes esto como pocas personas lo hacen ahora. Te alías a mis espaldas con la chica del nombre bonito y el alma compleja para hacer que ella esté a través de un gesto tuyo. Y no sé si pegarte un puñetazo o seguir llorando o echarme a reír. Por eso opto por aquello en lo que me siento más cómoda...:P Sé que lo haces por mí, y quizá te sorprenda saber que hay pocos detalles de esos en mi recuerdo. Esos pequeños detalles a partir de los cuales al final se compone todo, y que le dicen al otro "me importas" y conmueven las entrañas doloridas.

Sí a la pizza y la peli y a lo que esté por venir. Sí a la soledad, a la soledad compartida, a los silencios y el exceso de palabras. Sí a que estés. Sí a quedarme.



Gracias por aceptarme con todo lo que soy.

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