Anécdota de transición
No me conoces aún y ya te asustas. Quizá te asustas por lo que puedas conocer, o porque estás acostumbrado a no conocer más que el sabor de una boca. Tanto miedo...y mira que te repetí hasta la saciedad que no, que no me enamoro de la noche a la mañana y que tú precisamente no serías el candidato perfecto. Creo que en el fondo me veías superior, en ese empeño por representarse al otro...mucho arroz para tan poco pollo. Pero a mí no me interesaba si yo estaba encima o tú debajo, sólo estar. Qué quieres que te diga, besabas bien. Aunque tanto arrumaco en el cuello y las orejas, y tanto besito en la cara empezaba a resultarme aburrido, y no me manejo bien en el cariño fingido. Los besos no son nada si no llevan a más. A un sentimiento, a una llama que crece o a un deseo. Te asustaste al verlo, ¿no? fue eso: que yo pudiera desear a alguien como tú. Yo también me asusté, pero ahora he entendido el por qué, y me gusta más que tú.
En cualquier caso, no estoy ahora para cuidar de niños, dicho sea de paso. Tampoco me interesa adentrarme en tu psique por si sale algún trauma de la infancia. Sólo pretendía relacionarme y no pensar. No pensar en las consecuencias, pero tú sí que lo hacías...¡sorpresa!
No quiero ser ya la madre ni la psicóloga de nadie. Yo llevo aguantando mi vela solita un tiempo ya. Y cuando vi los dos numeritos, feliz por no poder ponerlos al revés todavía, pensé que mi camino es muy distinto al tuyo. Yo no quiero asentarme, como tú lo has hecho, en una gran empresa. Y fardar de que 2 y 2 son cuatro y que me paso el día pegada a un ordenador o mirando no sé que las redes...las únicas redes que yo conozco son las de la mente, y las tuyas estaban tan liadas como aquella goma rosa con la que jugábamos de pequeñas (primero enredarla en un tobillo, luego en otro, saltar y vuelta a empezar) Tampoco me interesa escuchar música electrónica ni que el único objetivo al verte sea que tu lengua acabe haciendo cosas extrañas con la mía. O yo me estoy haciendo mayor, o tú aún estás en los 18. Vete tú a saber...
En cualquier caso, pequeño, no era para tanto. No tenías por qué acojonarte de esa forma. Sí, lo sé, cuando me pongo agradable es difícil ganarme, pero esto no era una lucha en el fango a ver quién era más fuerte y quién caía antes en las redes del amor (que también conozco bien, a mi pesar)Creo que te equivocaste con mis intenciones, y si hubieras sabido la verdad (mira que intenté decírtelo, en mi vena más sincera y clara) tampoco me hubieras creído. No te hubiera convenido hacerlo, también es cierto.
Eras un niño asustado, que pensaba que los años eran números...en cualquier caso, nos habríamos equivocado. Y me alegro de que todo haya quedado en tu susto y en mi risa.
En cualquier caso, no estoy ahora para cuidar de niños, dicho sea de paso. Tampoco me interesa adentrarme en tu psique por si sale algún trauma de la infancia. Sólo pretendía relacionarme y no pensar. No pensar en las consecuencias, pero tú sí que lo hacías...¡sorpresa!
No quiero ser ya la madre ni la psicóloga de nadie. Yo llevo aguantando mi vela solita un tiempo ya. Y cuando vi los dos numeritos, feliz por no poder ponerlos al revés todavía, pensé que mi camino es muy distinto al tuyo. Yo no quiero asentarme, como tú lo has hecho, en una gran empresa. Y fardar de que 2 y 2 son cuatro y que me paso el día pegada a un ordenador o mirando no sé que las redes...las únicas redes que yo conozco son las de la mente, y las tuyas estaban tan liadas como aquella goma rosa con la que jugábamos de pequeñas (primero enredarla en un tobillo, luego en otro, saltar y vuelta a empezar) Tampoco me interesa escuchar música electrónica ni que el único objetivo al verte sea que tu lengua acabe haciendo cosas extrañas con la mía. O yo me estoy haciendo mayor, o tú aún estás en los 18. Vete tú a saber...
En cualquier caso, pequeño, no era para tanto. No tenías por qué acojonarte de esa forma. Sí, lo sé, cuando me pongo agradable es difícil ganarme, pero esto no era una lucha en el fango a ver quién era más fuerte y quién caía antes en las redes del amor (que también conozco bien, a mi pesar)Creo que te equivocaste con mis intenciones, y si hubieras sabido la verdad (mira que intenté decírtelo, en mi vena más sincera y clara) tampoco me hubieras creído. No te hubiera convenido hacerlo, también es cierto.
Eras un niño asustado, que pensaba que los años eran números...en cualquier caso, nos habríamos equivocado. Y me alegro de que todo haya quedado en tu susto y en mi risa.
Comentarios
Publicar un comentario