My protector

Hoy siento la necesidad de protegerme, pero no sé de qué. Hace tiempo que no sé muchas cosas que pensaba saber. No sé cuánto me quisiste, pero parece que la cantidad ya no tiene sentido. Sin embargo yo cumplo veintitrés sin ti, y tu ausencia es una poderosa manera de hacerse notar entre el silencio de una habitación a oscuras. Abro la cama en la que dormimos juntos un día de hace no sé cuántos días ya, y me digo que no piense, que no lo piense más. Que ya no estás. Y me queda en ese día llevarte conmigo dentro, tu representación más o menos equivocada, el crecimiento por el que atravesé junto a ti. Y me quedan tus palabras, y la imaginación. En mi escena me siento ante ti y te repito esas palabras "quiero despeinarte y desvestirte" pero caen en el silencio. Sin embargo algo tan tonto me hace poder dormir, eso de sentirte cerca con tantas metáforas olvidadas por los meses y recordadas en una noche de calor. El paso de estaciones siempre me recordó a ti, y hacía vivir nuestro amor de una forma especial.
En un instante de vacío, apoyada en un coche me doy cuenta de cómo se puede echar de menos a alguien. Y lo sé: eras mi protector, y ahora mi escudo sólo puedo serlo yo.
Cuando te he hablado, cuando he intentado que escucharas mi voz a lo lejos gritar tu nombre al caer, sólo quería expresarte (sin haberlo conseguido) que no sé quién eras, ni por qué llegaste, pero que hubiera querido que te quedaras con el paso de los pasos sin ser una mera huella más. Quería decirte que se nota tu ausencia más que tu presencia casi. Que mi vida está bien. Está bien si lo que tengo que aprender es a estar sola. Y si llegaras ahora, todo el trabajo estaría tirado a la basura por tus ojos verdes en tan sólo un instante. Y en parte...en parte quiero que eso ocurra. Que me saques del suplicio de madurar a solas con un abrazo tuyo. Pero otra parte de mí sabe que no es posible, que no hay otra manera de seguir, que debemos separarnos de una vez por todas, como me dijiste aquella noche. Y poder volar adonde quiera que lleguemos, sin rompernos las alas el uno al otro camuflándolo de amor. Pero duele tanto saberlo que a veces sólo me siento tranquila si te pienso. Sé que lo menos importante eran tus besos, pequeño. Sé que tengo que encontrar ese lugar dentro de mí, un lugar donde ser simplemente yo sin asustarme. Pero me faltas. Me faltas a cada segundo que pasa sin ti. Me faltas y eres entonces un gran agujero negro que todo lo absorbe, un deseo sin canalizar, unas lágrimas que no acaban. No sé cómo quiero que estés, ni cuándo será el momento. Pero siento que quiero que llegue, que nuestros caminos se crucen de nuevo... siento que sucederá en un instante que será eterno, cuando nuestras miradas se crucen y se miren, y se reconozcan pero vean algo nuevo que les haga sonreír. Sé que si debe suceder, sucederá cuando yo haya sido capaz de sentirme libre sin nada alrededor, de desatar cadenas. Cuando tú hayas encontrado la calma que tanto ansiabas, cuando mi imagen haya atravesado la bruma y puedas verme en lo alto de un día claro.
Y a veces siento que está tardanado ese momento, baby. Y me convenzo diciendo que nunca es tarde si algo importante acaba sucediendo. Que no será tarde para encontrarnos si eso es lo que nos espera sin saberlo.

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