Cuando la pareja no funciona...

A mí siempre me pasa lo mismo: me suelo hacer casi "experta" en aquello que en la práctica peor se me da.

Hoy leía sobre la terapia de pareja, y parece relativamente fácil. Para empezar, cuando una pareja no funciona suele ser porque hay un exceso de interacciones negativas, y muy pocas positivas. Por tanto, lo primero que se fomenta es el reforzamiento positivo. Un ejercicio para llevarlo a cabo (que me gusta especialmente) es la caja de los deseos: se trata de poner en papelitos lo que a cada uno le gusta para que, llegado el día en que el otro te quiera sorprender, abra un papelito y realice aquello que tantas ganas tenías de hacer con él. Otra forma de hacerlo es fijarse, en la interacción diaria, en aquello que el otro miembro de la pareja realiza de manera positiva (no sólo respecto al otro, sino en general) Es decir, "volver a poner la atención en lo bueno del otro".

Otro aspecto que es predictor de las rupturas es la forma en que se resuelven los conflictos, y no tanto el número o gravedad de ellos. Por eso, otra estrategia que se suele enseñar en la terapia de pareja es cómo solucionar conflictos. Para ello, es importante definir bien el problema (un problema concreto cada vez) y a partir de ahí hay fases que deben hacerse en este orden: primero plantear alternativas, segundo valorarlas conjuntamente hasta llegar a un acuerdo, tercero comprometerse en el acuerdo y cuarto, cumplir con la alternativa propuesta (se supone que será equitativa para ambos) La idea es que esto no suele funcionar, ¿por qué? porque las personas tendemos a juzgar las alternativas que el otro nos propone en una etapa muy temprana, lo que lleva al otro a reducir sus ganas y su motivación para seguir proponiendo. Otro motivo por el que solemos fracasar en esto es la capacidad creativa e imaginativa a la hora de proponer soluciones: se trata de mirar hacia el futuro y arriesgarse. Sólo en la definción del problema se puede mirar hacia el pasado. Pero cuando surge la alternativa tendemos a mirar hacia el pasado y a juzgarla...así nos va.

La expresión de sentimientos tanto positivo como negativos suele ser otro punto clave. Primero, con el tiempo solemos olvidarnos de expresar lo positivo que nos genera el otro (se da por hecho) pero al final es cierto eso de que para saber que alguien te quiere no hay nada mejor que el hecho de que te lo diga. Y los sentimientos negativos además suelen aparecer en forma de queja, recriminaciones...a lo que se le añade el "es que no me escucha" o "no hay espacio para que le diga qué me sienta mal" o el "si se lo digo, se va a desencadenar bronca segura..." Ante ello se aconseja, para empezar, el tono neutro. Para continuar, centrarse en lo que nos ha molestado concretamente (nada de aditivos del tipo "es que siempre...es que tú eres..." sólo conductas concretas, sin inferencias y sin generalizaciones) y además (muy importante) buscar el momento y el lugar adecuados para dialogar.

Otro "malentendido" que suele darse es eso de pensar que mejor dejar que las cosas se enfríen tras una discusión. Si algo nos enseñan hasta la saciedad a los psicólogos es una maravillosa palabra y sus campos de aplicación: inmediatez. Si uno discute y deja que pasen unos cuantos días por aquello de "hasta que la cosa se enfríe, o pensarlo bien" se va formando una bola de emociones negativas en cada uno, distorsionando el momento y el motivo de la discusión. De tal manera que, cuando se va a hablar, eso ya no es un problema concreto sino EL PROBLEMA. Es importante hablarlo en el momento en el que surge, y si no sabemos controlarnos existen múltiples técnicas: respiración, separación física momentánea, utilización del humor, acercamiento físico (si puede darse) a modo de abrazo, por ejemplo, para romper el hielo... (y por cierto, eso del "polvo de reconciliación" no dura más que un día como máximo. Los problemas se solucionan en la vertical, y no en la horizontal. Es una inyección potente pero poco duradera...)

Pero, ¿qué ocurre si estamos en lo más alto de nuestras emociones, si ambos se encuentran en esa situación de "sólo me queda tirarle una cacerola a la cabeza" o surge ese instinto depredador de querer hacerle daño al otro con un comentario irónico e hiriente, y no se hace más que volver una y otra vez al mismo tema, enredándose en él cada vez más? En estos casos en los que la agresión física o verbal puede manifestarse (cuidado, al margen de posibles casos de violencia de género, que se rigen por patrones de conducta diferentes a los de la pareja), se aconseja en primer lugar distancia. En segundo lugar puede haber otra alternativa: el famoso "tiempo fuera" Se trata de que cada uno se vaya a su rincón, salga de la situación y se distraiga de forma independiente. Pero (y esto es muy importante) se debe comunicar al otro por qué queremos tiempo fuera, cuánto tiempo estaremos fuera y cuándo será el momento en que nos pondremos en contacto para hablar (y por supuesto, querer dialogar después de ese tiempo de lo ocurrido) Además el tiempo debe ser relativamente breve, nada de dejar pasar un día entero, sino intentar solucionarlo ese mismo día (siguiendo con lo que comentaba anteriormente)

Por otra parte, el objetivo de una discusión es el acuerdo. Ponerse de acuerdo no significa pensar lo mismo. Dos personas se pueden poner de acuerdo al decir "tenemos opiniones distintas y está bien así" Si no hace más que volver una y otra vez al mismo tema, dando vueltas alrededor de él sin sacar ninguna conclusión posible, se debe dejar la discusión en ese momento argumentando "si seguimos dándole vueltas a esto no llegaremos a ninguna parte. Ya te he dicho lo que opino sobre esto, o ya te he explicado por qué hice tal cosa...así que no tiene sentido que me lo sigas preguntando una y otra vez" y dejarlo estar. Hasta que se pueda romper ese pensamiento "circular" y todo quede claro para ambos. Aclarar está bien, pero hay diferencia entre aclarar y volver de forma obsesiva una y otra vez sobre la misma cuestión.

Cuando en los problemas de la pareja inciden directamente problemas personales que el otro no entiende o no le competen a él solucionarlos, algunos autores aconsejan hacer reestructuración cognitiva de manera independiente. Es decir, una terapia individual para modificar los pensamientos que pueden estar distorsionados (casos de celos, inseguridades propias, baja autoestima...etc) Otra cuestión importante a trabajar y a evaluar en una pareja será el grado de asertividad que los dos tengan. Frente a una persona asertiva (o que expresa lo que desea, quiere...) una persona no asertiva puede tener la sensación de salir "siempre perdiendo" o "no tener lugar para opinar" o "tener que ceder siempre" Mientras que el asertivo probablemente se tomará esta cesión de su compañero como que está de acuerdo con él. La falta de asertividad es lo primero que puede hacer que una relación no funcione satisfactoriamente. Por eso, habrá de ser trabajada con la persona en cuestión.

El basar el comienzo de una relación en salir de una situación vital negativa para una de las dos personas, o en un exceso de expectativas respecto al otro, también augura el fracaso estrepitoso. Las expectativas van perdiendo fuerza con el paso del tiempo, cuando uno llega a "ver quién es el otro" y por tanto es algo con lo que debemos contar. Y una relación que se basa en el escape de una situación aversiva, durará el tiempo que dure para esa persona la situación aversiva en cuestión.

Además otro tipo de "variables" podrán influir en la dificultad de mantenimiento: el encontrar más cosas positivas fuera de la pareja que dentro, un exceso de apego a la familia de origen y permitir que estos interfieran en el funcionamiento de la pareja, un exceso de apego a los amigos y de realización de actividades con estos al margen de la pareja, el hacer "cada uno su vida" sin introducir al otro en casi ningún aspecto de ésta...entre otras.

Desde mi punto de vista dos personas no tienen por qué ser incompatibles si quieren buscar el acuerdo, el punto en común donde ambos sentirse cómodos y satisfechos. La motivación y la voluntad de querer que la situación cambie es fundamental. Por otra parte, cada ser humano tiene sus diferencias respecto a otro y esta puede ser una herramienta interesante y que aporte en la relación (que sume o multiplique) no que reste. Si se revisan todos estos puntos y se mantiene una actitud abierta, dos personas pueden funcionar sin mayores problemas (bueno, con problemas, pero con modos adecuados de resolverlos en conjunto) Porque si hay algo estudiado es que en toda pareja hay problemas (por tanto, la diferencia entre que una funcione o no, no está en la ausencia de conflictos o discusiones o en que estos sean pocos, sino en el modo de solucionarnos) No podemos esperar que todo marche sobre ruedas, sino que es más bien una cuestión de ponerse activamente a "trabajar" en ello.

Así que...¡ánimo y manos a la obra!

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