Mantenerse

Lanzo una pregunta al ire y su voz contesta, como si viniera como un eco desde el fondo del vacío.

Son las cuatro menos cuarto de un martes doce de abril, y estoy tumbada en un sofá morado. Al entrar mi primer comentario ha sido "tenía ganas de venir hoy, porque llevo varios días sin sentirme protegida en ningún lugar, y aquí puedo sentirlo"

Estoy angustiada, pensando en miles de frentes que quiero resolver ya, maldita impaciencia, por no aguantar más la incertidumbre de un presente que en ocasiones se me presenta como algo más complicado de lo que esperaba.

Recuerdo tu pregunta sobre si he tocado ya fondo en la terapia y me respondo que sí, que quizá ya he tocado fondo y que este sea realmente el punto de partida.

Sólo hay dolor. Dolor. Muchos duelos sin resolver, girando en mi mente en forma de imágenes. Sonrío cuando digo que sólo quisiera verle sonreír, que cuando él sonreía todo estaba bien. Sonrío cuando digo que él era mi protector. Y se mezclan las sensaciones al decirme en voz alta que no se podía sostener pero le quería tanto...que ya no puedo volver a nada donde sentirme a salvo. Cuando me pregunto cómo he podido llegar a este punto.

Lanzo el comentario al aire, sintiendo que mi tripa se hincha en un intento de mantener el ritmo de la respiración mientras mis lágrimas caen ladeadas hacia la parte de atrás de mis orejas, e intento contenerlas con mis manos pero escapan más lejos de lo que me hubiera gustado. Digo, entre la desesperación de haberlos perdido, que a veces sólo quiero que alguien me diga qué puedo hacer con todo esto.

Y ella responde, tras un silencio: mantenerse.

Mantenerse, hasta que el temporal cese, hasta que pueda ver un cielo despejado, hasta que pueda sentir que puedo tomar decisiones sobre mi vida, hasta que deje de sustentar lo que no me pertenece, hasta que pueda romper la venda que no me deja verme.

Sí, con el viaje busco encontrarme, aunque tenga miedo. Por eso sigo aquí, cansada pero incansable en el fondo.

Al despedirme he visto un ligero atisbo de temor en tu mirada. Quizá fuera compasión. No lo sé, pero hoy has sido más condescendiente conmigo y creo que me has intentado dar ánimos desde tu posición. En tu rostro he leído algo parecido al miedo, y he pensado entonces en si habrías pensado en la posibilidad de que yo hiciera una locura conmigo misma y con mi vida en un momento como ese. Quizá es a lo que más miedo le tengo, a dejar de existir. Es una paradoja, porque es cierto que en mi imaginación hay días que es la única manera que encuentro de salir (pensar en dormir, en dejar de existir) Pero...¿sabes? en ese momento supongo que de alguna manera me he prometido a mí misma que seguiré para ver qué ocurre, para ver si me veo, si es cierto que todo esto lleva a alguna parte con luz. Si puedo construir mi propia casa (pensaba en qué color elegir para pintar las paredes y eso me hacía también sonreír) He querido decirte "no tienes de qué preocuparte" y me he tranquilizado a mí misma con esa palabra en la mente "mantenerse"

...

Comentarios

Entradas populares de este blog

Vacío fértil

Siete esquinas,7

la varita