Un mal comienzo

Me desvelo a las seis y media de la mañana porque te me has colado en la cabeza sin permiso. Tú y todos tus recuerdos. Tu imagen, tu risa, cosas que vivimos juntos. Decido bajar a comer algo de chocolate mientras veo amanecer lentamente (todo lo que puede amanecer en un cielo nublado) Y poco tiempo después estoy tumbada sin poder dejar de pensar, en lo que se suponía mi intento por quedarme dormida debido a mi incipiente dolor de cabeza. Pero decido levantarme, porque para dar vueltas, las doy paseando. Entonces me digo que quiero cambiar de look, pero parece que hasta mi pelo se resiste al cambio y ocurre que, como dirían los expertos, me escupe el tinte. Y vuelve a ser casi negro otra vez cuando había elegido un color tirando a ámbar...que alguien me explique estos fenómenos porque comienzo a pensar que sólo me pasan a mí. Mientras pienso en denunciar al fabricante al menos me queda la alternativa de tomar un café con una amiga y cotillear un rato, pero en ese momento suena mi móvil y...cancelación. Me entran ganas de enfadarme con todo. Contigo porque te me vienes de nuevo a la cabeza como alternativa posible mientras me grito que no, que no, joder. Que se me pasará este estado de frustración. Con ella por un sí y luego un no. Con mi mente por no dejarme descansar con todos sus malditos contenidos. Y con el cambio...con el cambio en general. Porque cuando intento cambiar llega la lluvia y me devuelve a la idea de que llueve sobre mojado...otra vez. En fin, ahora me toca hacer algo interesante y disfrutar de mi soledad. Me toca pensar que mañana será otro día.

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