Desamor

Y morderme los puños por no pensar en ti, y golpear paredes, o almohadas, o recuerdos. Dicen que las lágrimas son intentos de sacar, cual cuerpos extraños, las imágenes de otros que hacen daño. Pero tú nunca serás un cuerpo extraño y por eso no puedo llorarte. Ahora no consigo traer a mi lado tus labios, tus maneras, tu voz o tu forma de mirar. Ya las manos tuyas me abandonaron la piel, y dejaste de ser la huella sobre mi vientre. No recuerdo ni tu olor, ni tus palabras, ni quién eras. Te quedaste inmóvil en el quicio de la puerta y yo la cerré bruscamente para que no me inundara tu ser, inventado en realidad por mis anhelos y mis faltas. He querido decirte adiós sin pronunciarlo, y el resultado ha sido sólo silencio de nosotros. Cuando vuelves lo haces sin saber exactamente en qué o para qué. Sólo incordiando con lo que ya no es. No puedo sentir entonces mas que las ganas de golpear mi vida una vez más con tu entrada en escena, o golpear en todo caso la pared, por querer morirme lentamente enredada en tus piernas. Pero no podría mirarte a los ojos sin haberme ido antes de tu lado con el pensamiento. No podría acercarme con un gesto porque no hay ya nada que decir. Lo que queda no es más que mi cabeza en tu almohada y una idea de aquello que se vio frustrado por la ausencia de cosas con sentido. Por la ausencia de sentir. Y ahora... Lo siento, amor, pero todo termina.

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