"El mismo amor, la misma lluvia"

Son conexiones extrañas, de esas que la mente hace y que yo suelo descubrir aunque intente mirar para otro lado. Una persona se va e inmediatamente te apetece ver a otra. No es casualidad. Hace tiempo que dejé de creer que las casualidades pudieran existir.

Me quedo pegada a la ventana, con la cortina corrida, viendo caer la lluvia tontamente. Entonces pienso que llueve sobre mojado. Agua sobre más agua. Qué sinsentido. Sin embargo la vida es así: nada cae por primera vez, sino que cae sobre otras muchas cosas que ya estaban allí antes, y en las que nadie piensa. En una maleta, una camisa se pone sobre otra. En un día de lluvia una gota cae sobre otras muchas. De la misma manera los pensamientos se superponen unos a otros. El nuevo roza con el antiguo en alguna parte de nuestra mente y se tocan, como lo hacen dos amantes. Y acaban siendo uno: una misma agua, un mismo pensamiento, una misma persona.

Es difícil que en las sucesiones haya algo que se salga de lo común. Una gota que, por su tamaño o forma sea distinta de todas las demás. En realidad las distinciones nunca fueron demasiadas, sobre todo dependiendo del cristal a través del cual las estés observando caer. Los días son también así: uno detrás de otro, sin grandes sobresaltos. Mi problema es que siempre busqué destacar, busqué encontrar cada día una emoción diferente, y sorteé la ecuanimidad como si fuera mi enemigo íntimo. No soy persona de tranquilidad mantenida, que más bien la nombro como monotonía. Ni persona de hacer siempre el mismo trabajo, que acaba agotándome. Sin embargo me gusta volver una y otra vez sobre las mismas ideas, cayendo en la repetición tediosa que suponen. Debería plantearme la novedad en este aspecto, pero algo nuevo implica haber observado algo distinto. Y afuera todo parece ser siempre lo mismo. Como el título de la película: "el mismo amor, la misma lluvia"

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