Estoy buscando palabras y no me salen. Pero las canciones llegan a mi encuentro como un regalo caído del cielo para superar este momento. En este momento he comenzado a sentir y tengo miedo. He comenzado a abrir puertas cerradas hasta ahora. He comenzado a escuchar canciones de amor y reconozco esta emoción en mí, que me invade sin que pueda retenerla con una red para no caer desde un vuelo demasiado alto para mí. Pero quiero decirte muchas cosas que no sé si llegan, si pasan desapercibidas o si quedan profundamente grabadas en ti, como a mí me ocurre desde entonces. No puedo evitar reconocerme en ciertas frases. Reconocerme que cuando sonríes todo vuelve a ser distinto en esta etapa extraña. Que si te tengo delante, mi cuerpo tiende a abrazarte como un imán poderoso que une polos distintos. Puedo ver a través del tiempo que quizá no seas tú, que quizá no deberías ser tú ahora a quien van dirigidas mis palabras. Puedo ver una bruma que me nubla la razón, una cortina de humo entre tú y yo. Pero me pasa que tengo ganas de hacerla desaparecer para poder verte con claridad en una noche de verano. Que tengo ganas de fallar una y otra vez por si eso me lleva a acertar finalmente. Que tengo ganas de buscarte y que me busques. Que se me escapa de las manos las ganas de tenerte cerca de nuevo. Que mi optimismo crece con cada acorde que descubro en mi interior, y quiero jugar mis cartas y apostar al ganador.
Estoy muerta de miedo. Por qué decirte que no. Pero incluso a través de esta emoción puedo ver mi deseo latiéndome dentro al contemplarte sentado en esa silla de madera, cabizbajo. Puedo sentir el impulso de acercarme y quedarme entre tus brazos un tiempo aún, cuando levantas la mirada y la fijas en mis ojos. Puedo notar el corazón saliéndose del pecho, la pena que arrastro cuando cierras la puerta tras de mí. Los pasos cansados cuando se van alejando del lugar en el que estás. Puedo volver la cabeza para echarle un vistazo antes de partir, a esa ventana desde la que me imagino contemplando nuevos días en tu cama.
No sé si estoy perdida o es este el comienzo de algo que siempre estuvo y que, al contrario que nosotros, nunca se fue. Y que vuelve ahora que casi hace un año que nos sonreímos por primera vez. Después de tiempos oscuros y tormentas. Ahora que nos conocemos desde todos los ángulos y tenemos grabado a fuego quiénes somos, en lo bueno y en lo malo. Ahora que te daba por perdido...surge una llama entre este fuego y me envuelve para no dejarme ir. Y sólo espero que estés conmigo, una vez más, en el centro de este huracán, y permanecer en su eje para no dejarnos arrastrar cualquier noche por un final precipitado por el tiempo y por los hechos.
Estoy muerta de miedo. Por qué decirte que no. Pero incluso a través de esta emoción puedo ver mi deseo latiéndome dentro al contemplarte sentado en esa silla de madera, cabizbajo. Puedo sentir el impulso de acercarme y quedarme entre tus brazos un tiempo aún, cuando levantas la mirada y la fijas en mis ojos. Puedo notar el corazón saliéndose del pecho, la pena que arrastro cuando cierras la puerta tras de mí. Los pasos cansados cuando se van alejando del lugar en el que estás. Puedo volver la cabeza para echarle un vistazo antes de partir, a esa ventana desde la que me imagino contemplando nuevos días en tu cama.
No sé si estoy perdida o es este el comienzo de algo que siempre estuvo y que, al contrario que nosotros, nunca se fue. Y que vuelve ahora que casi hace un año que nos sonreímos por primera vez. Después de tiempos oscuros y tormentas. Ahora que nos conocemos desde todos los ángulos y tenemos grabado a fuego quiénes somos, en lo bueno y en lo malo. Ahora que te daba por perdido...surge una llama entre este fuego y me envuelve para no dejarme ir. Y sólo espero que estés conmigo, una vez más, en el centro de este huracán, y permanecer en su eje para no dejarnos arrastrar cualquier noche por un final precipitado por el tiempo y por los hechos.
Comentarios
Publicar un comentario