Eres el Hamlet de Shakespeare. La eterna duda entre el ser y no ser, y cómo seguir siendo. Eres la sensibilidad camuflada de defensas. El misterio de lo desconocido. Algo inquietante, asombroso, variable. Eres el progreso hacia el pasado. Las palabras camufladas, esa máscara tras la que te escondes por no gritar algo entre susurros. La interrogación y el temor. El límite de lo prohibido y deseado. El que nunca sabe si sabe lo que debería saber. Apareces y desapareces en un tremendo acto para ti mismo, que acaba con tu mutis por el foro si entra en escena una protagonista o dos. Eres la triangulación sin acabar. El mar que cambia de color según las profundidades que muestre a los ojos de quien se encuentra esperando en la orilla. Eres mi fantasma más desconocido. El dilema entre el ser y el tener, entre el imaginar y el hacer. En tierra de nadie te quedas callado por si de repente por tu boca salen palabras que nunca quisiste escuchar.
Ángulos
Cuando te miro me siento una farsante. Siento que finjo desde hace años un papel que no me corresponde: el de sonreír alrededor, beber cervezas e intentar escucharte a ti a través de tus acordes. Nunca he sabido...ni lo sabré. No sé cómo acercarme, ni qué decirte, ni si debería decirte o callar como hasta ahora. Lo único que sé es que llego a casa cansada, pensando en ti. Y que desde entonces no ha habido un solo día que no te haya echado de menos hasta doler muy dentro. Siento que si vas quitando capas (capas que sólo tú podrías quitar) me verás queriéndote aún como el primer día. Y que llevo mi carga en silencio, mostrándome aquí y allá como si no hubieras existido, guardando celosa quizá los recuerdos de ti. Tu sonrisa aún es la mía, y mi felicidad estará donde tú estés. Podré conformarme y seguir si te veo alguna que otra vez, si me encuentro contigo en un gesto. Pero en realidad no hay más que hacer que intentar sobrevivir un día más, adaptarme a tu ausencia otra vez, como si estu...
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