Eres el Hamlet de Shakespeare. La eterna duda entre el ser y no ser, y cómo seguir siendo. Eres la sensibilidad camuflada de defensas. El misterio de lo desconocido. Algo inquietante, asombroso, variable. Eres el progreso hacia el pasado. Las palabras camufladas, esa máscara tras la que te escondes por no gritar algo entre susurros. La interrogación y el temor. El límite de lo prohibido y deseado. El que nunca sabe si sabe lo que debería saber. Apareces y desapareces en un tremendo acto para ti mismo, que acaba con tu mutis por el foro si entra en escena una protagonista o dos. Eres la triangulación sin acabar. El mar que cambia de color según las profundidades que muestre a los ojos de quien se encuentra esperando en la orilla. Eres mi fantasma más desconocido. El dilema entre el ser y el tener, entre el imaginar y el hacer. En tierra de nadie te quedas callado por si de repente por tu boca salen palabras que nunca quisiste escuchar.
D.
Me gusta cuando llegas porque apareces de repente avanzando desde el fondo, como si la cosa no fuera contigo hasta llegar a la mesa donde me encuentro. Nunca se sabe, quizá incluso te espere en la calle diez minutos mientras te tomas un café caliente y lees un cómic. O puede que aparezca yo del mismo modo...Todo tú a veces te me figuras como una bonita sorpresa. Me cuesta cuando te vas. Porque significa parar de reir un rato más de esta corta vida, dejar de verte reír a ti desde la espontaneidad y una pequeña complicidad impensable. Porque te largas sin más, sin darme dos besos.Ya te vale, señorito... Lo atribuyo a tu timidez, pero pareces salir huyendo de mi coche para refugiarte en tu espacio habitual. Me cuesta decirte adiós y no saber cuándo volveré a verte. Saber que te has convertido de la noche a la mañana en alguien a quien nombro en mi interior muchas veces al día. Bienvenido.
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