Eres el Hamlet de Shakespeare. La eterna duda entre el ser y no ser, y cómo seguir siendo. Eres la sensibilidad camuflada de defensas. El misterio de lo desconocido. Algo inquietante, asombroso, variable. Eres el progreso hacia el pasado. Las palabras camufladas, esa máscara tras la que te escondes por no gritar algo entre susurros. La interrogación y el temor. El límite de lo prohibido y deseado. El que nunca sabe si sabe lo que debería saber. Apareces y desapareces en un tremendo acto para ti mismo, que acaba con tu mutis por el foro si entra en escena una protagonista o dos. Eres la triangulación sin acabar. El mar que cambia de color según las profundidades que muestre a los ojos de quien se encuentra esperando en la orilla. Eres mi fantasma más desconocido. El dilema entre el ser y el tener, entre el imaginar y el hacer. En tierra de nadie te quedas callado por si de repente por tu boca salen palabras que nunca quisiste escuchar.
Vacío fértil
Dura con mi persona más cercana. En ese doble vínculo de querer y criticar. Es un peso que sé de dónde viene. Pero nada fácil de dejar. Me avergüenzo cuando entro en este juez externo. Quién me he creído, quién soy. Me enfado duramente si lo veo en otros. Me siento injustamente tratada si lo recibo yo. Qué es esto del juicio? Por qué se me viene que al final no existe en realidad ese juicio final? Moral cristiana de la que reniego y que aborrezco. Contrario a mí valor sobre el respeto, la libertad y la responsabilidad. Decir que no a esto es renunciar. A unas raíces que me sostuvieron mucho tiempo, que creía verdad. El primer juicio es para ellos,y a veces me siento muy mal si le permito entrar. No creo que todo lo hicieran mal, pero a mí me cuesta lo que no les costó a ellos esto de revisarme y cambiar. Siento el peso de la revolución como si fuera el precio a pagar por vivir en la oscuridad cómodamente. Por ser de otra generación, más consciente. Por no p...
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