Rosas con espinas
Si no te aclaras tú lo haré yo. No por ti, sino por mí. No he llegado hasta aquí habiéndome pasado todo desapercibido. Más bien he experimentado lo que es dar más de un traspiés y tener que volverse a levantar una y otra vez, aunque no tuviera ganas. No soy la única. Si empiezas a preguntar todos llevan su historia detrás como un abrigo, más ligero o pesado, especialmente cuando vuelve a hacer frío fuera y dentro. Yo me he visto teniendo que mirar hacia lugares demasiado oscuros, desesperanzada por no encontrar una luz en el fondo del paisaje. Me he visto tumbada, me he visto temblando, o sentada en el suelo de un baño fumando sin parar y obligándome a pensar en mí. Me he visto perdida por caminos enrevesados, volteada por reveses de viento a contratiempo. Intentando alcanzar flores con una zarza debajo. Pinchándome los dedos, arañándome los brazos con las espinas de rosas marchitas. Y sigo aquí y en pie, preocupándome de dar en cada momento un paso firme, de tener una sonrisa siempre a punto y en cualquier circunstancia. Me sigo viendo levantarme intentando ordenar situaciones que no se por dónde coger. Me sigo viendo sola frente a todos mis huracanes internos, luchando con las trampas que mi propia mente me pone a veces, como pruebas para saber si aprendí o debe repetirse aún. He dado muchas oportunidades a otros, y me concedo pocas a mí misma. Lo he llegado a dar todo hasta no encontrarme ni en mi propio rostro ante el espejo. Hasta ver cómo cambiaba la expresión de mi mirada para ser sólo vacío y tristeza. No he llegado hasta aquí sin haber luchado, de una manera u otra, por mí. No he llegado hasta aquí sin haber sufrido más de lo que me hubiera gustado. No he llegado hasta aquí sin haberme tenido que reconstruir y adaptar con más o menos éxito a aquello que me rodeaba. Y ahora pretendes llegar y en un día poner todo mi mundo patas arriba, que me olvide de quién soy para ser para ti, a tu manera. Pretendes decir que te duele y que yo me gire entera a consolarte. Pretendes decir que estás solo y que yo decida acompañarte para el resto. Sin embargo, nadie estuvo ahí cuando yo viví esos momentos, cuando mis deseos se quedaron atravesados en una garganta que no podía emitir sonidos. Te he dado ya muchas oportunidades sin merecerlas. Y llego hasta un punto. Hasta el punto de no poder olvidarme de todo lo ocurrido, de no poder dejar de sentir la injustia que pretendes que viva ahora contigo. Pretendes que te lo dé todo, pero a cambio de qué. No puedo dejar de poner mis condiciones. No puedo dejarte que entres así, que me duelas así, que me ilusiones así, que llegues y te vayas así como si nada, entre tu confusión y tus antojos. No puedo permitirme quitarme la coraza y la defensa y abrirte los brazos ante tu primera demanda de mí. Antes tienen que pasar muchas cosas...Muchas cosas que, me temo, no vendrán.
Pero mientras tanto, yo no puedo permitirme caer, ni caer enamorada, ni caer por desamor ni por nada que no tenga que ver exclusivamente conmigo y con mi vida, al margen de todo lo demás. Mientras tanto yo tengo que seguir haciendo mi vida...porque es hora de subirse a trenes que me lleven a Roma (y ahora sé que no todos conducen hasta allí)
Pero mientras tanto, yo no puedo permitirme caer, ni caer enamorada, ni caer por desamor ni por nada que no tenga que ver exclusivamente conmigo y con mi vida, al margen de todo lo demás. Mientras tanto yo tengo que seguir haciendo mi vida...porque es hora de subirse a trenes que me lleven a Roma (y ahora sé que no todos conducen hasta allí)
Comentarios
Publicar un comentario