Escoger

Creía haber cogido un pasaje de ida y vuelta. La confusión la deja sin saber qué hacer, con el billete en la mano ante aquel hombre de la ventanilla que tampoco sabe darle una solución ("esto fue lo que usted escogió, por equivocación o no") Pero casi está segura. Casi. Quería volver, no quedarse en aquel país extranjero donde nadie habla su idioma y donde poco entiende. Allí la comunicación con los demás es tan absurda...y siempre acaba recurriendo a los gestos, el idioma universal. Pero incluso algunos pueden ser malinterpretados. No puede hablar porque no comparten las palabras, y para ella, conversadora insaciable, aquello se le empezó a hacer cuesta arriba. Por eso quiere volver a su lugar de origen, donde todo parece siempre en calma, aunque el tiempo pase y el entorno pueda haber cambiado sutilmente. Sin embargo no puede. Mañana es festivo y nadie le asegura que pueda conseguir un asiento en el siguiente vuelo, ahora que a todo el mundo le da por viajar y a los mismos lugares, como si no hubiera otros.

Frustrada y algo desconcertada, decide apartarse a un lado para dejar paso al siguiente cliente enfadado que está en la cola de las reclamaciones. Tiene ganas de patalear como una niña, pero no puede hacer esas cosas en público. Son esos gestos que se malinterpretan. Sólo faltaría que la tomaran por loca al intentar expresar su cabreo. Así que, arrastrando su maleta, se acomoda en el asiento de la terminal y su mirada se pierde entre la lluvia y los aviones que despegan, justo en el instante en que siente que su vida está paralizada y que está lejos de aquel lugar en el que se sintió cobijada alguna vez.

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