Noche blanca
Es de noche pero las luces nos alumbran. Están detrás de todas las cosas. Detrás de tu nombre, detrás de la expresión de tus ojos, y de tu risa. Atraviesan los espejos y proyectan imágenes en las paredes. Atraviesan el humo de cigarros conjuntos. Atraviesan las piernas y los brazos, y aparecen en los besos y los labios. Más allá de ti y de mí estamos nosotros. En algún lugar infinito y eterno, intocable por el tiempo. Nos estamos mirando directos, con cada sorbo de vino. A nosotros, los que fuimos a través de discusiones y lamentos. Nos estamos hablando sinceros. Todo adquiere así un matiz distinto. Se me vuelcan las palabras y los gestos sobre un sofá cubierto de tu cuerpo. Me convierto en una bailarina entre las sombras y los ecos de momentos anteriores. En tu heroína y sedante. Soy alguien que no suelo ser en esa noche en blanco que parece haber llegado para ambos. Y me olvido de mi historia y de mis pactos. Me abandono con el fin de encontrarme al menos un momento en el propio deseo de ser viento, aire en tus pulmones, un vuelo alegre por encima de los sueños. Me abandono sin pensar en los cimientos, derrumbando cualquier impedimento ante dejar de hacerlo, esto de reencontrarme con tus miedos, tus anhelos.
No puede ser lo mejor que me pase aquello que me hizo más daño, ni puede ser lo peor que me ocurra aquello que me hace sentir más viva.
Pasa y cierra la puerta. El resto te lo seguiré contando en la oscuridad de otra noche blanca.
No puede ser lo mejor que me pase aquello que me hizo más daño, ni puede ser lo peor que me ocurra aquello que me hace sentir más viva.
Pasa y cierra la puerta. El resto te lo seguiré contando en la oscuridad de otra noche blanca.
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