Sístole y Diástole
Cuando la fantasía se hace real...un paréntesis, nada más. Un instante de comunión con los impulsos, con lo que había de mí tan antiguo y olvidado. "No eres como antes..." y me pregunto cómo era antes. En el fondo no era más que lo que tú querías ver de mí. Pero la fantasía no puede mantenerse. Cae por su propio peso. Demasiado alto, demasiado alegre, demasiado todo. Así que luego el día se convierte en algo extraño. Me siento ya dividida por miles de Alex: la niña, la adulta, la calmada, la sexual, la emocional...y todas dando vueltas a mi alrededor diciéndome sin cesar "elígeme a mí" pero no quiero escucharlas. Sólo necesito dormir. Comer y dormir. Y hacer eso hoy será suficiente.
Hay un punto del día de hoy donde siento que llego a una desestructuración. Quizá tengo el inconsciente más abierto, el corazón más abierto, la mente más limpia para lo sucio. Ya no sé. El no sé...viene con frecuencia. La necesidad de seguridad se vuelve ansias de libertad por momentos. Quiero abrir la boca como los peces y respirar oxígeno, que entre, hasta el cerebro, y me renueve el aire. Quiero ducharme y dejar en ese suelo gris y frío el resto de echar el resto. Y desintegrarme en lo etéreo al dormir sin sueños claros.
No puedo con tanto, pero al final sí que puedo y me sorprendo. Cuando me veo riendo ante una niña pequeña que me busca con la mirada justo en ese momento cuando sólo quiero desaparecer o dormir, o más bien que el resto de personas desaparezcan...mi vena perversa. Remato la faena escuchando frases que no sé cómo encajar. Nunca tuve eso del "empaque" (palabra bastante odiada por mí, que más bien me suena a hacer las maletas, empacar, largarse...) Quiero gritar un OUT! tan grande como sea posible, y no sé si situarme en quien recoge la pelota o en la pelota misma, en constantes movimientos circulares, atrapada en la mujer que me representa y que tiene pechos y manos y sexo y cicatrices y miradas dispuestas y ganas de cerrar los ojos...todo a la vez. La paradoja. Lo uno y su opuesto, que al final son un círculo indivisible y se retroalimentan.
Me queda cenar, y a eso me dispongo con ganas de volver a lo más banal de todo este asunto.
Hay un punto del día de hoy donde siento que llego a una desestructuración. Quizá tengo el inconsciente más abierto, el corazón más abierto, la mente más limpia para lo sucio. Ya no sé. El no sé...viene con frecuencia. La necesidad de seguridad se vuelve ansias de libertad por momentos. Quiero abrir la boca como los peces y respirar oxígeno, que entre, hasta el cerebro, y me renueve el aire. Quiero ducharme y dejar en ese suelo gris y frío el resto de echar el resto. Y desintegrarme en lo etéreo al dormir sin sueños claros.
No puedo con tanto, pero al final sí que puedo y me sorprendo. Cuando me veo riendo ante una niña pequeña que me busca con la mirada justo en ese momento cuando sólo quiero desaparecer o dormir, o más bien que el resto de personas desaparezcan...mi vena perversa. Remato la faena escuchando frases que no sé cómo encajar. Nunca tuve eso del "empaque" (palabra bastante odiada por mí, que más bien me suena a hacer las maletas, empacar, largarse...) Quiero gritar un OUT! tan grande como sea posible, y no sé si situarme en quien recoge la pelota o en la pelota misma, en constantes movimientos circulares, atrapada en la mujer que me representa y que tiene pechos y manos y sexo y cicatrices y miradas dispuestas y ganas de cerrar los ojos...todo a la vez. La paradoja. Lo uno y su opuesto, que al final son un círculo indivisible y se retroalimentan.
Me queda cenar, y a eso me dispongo con ganas de volver a lo más banal de todo este asunto.
Comentarios
Publicar un comentario