Desastre

Pequeño desastre...te me vienes a la mente y no puedo más que intentar ahuyentarte. Cuántas veces tu rostro será confundido en el camino. Cuántas lágrimas más, en cuantos coches, en cuantos pisos. Desde el primero no podría rebotar y alzarme sobre el cielo que aquel día compartimos. No podrías escucharme llorar. Tienes los oídos cerrados desde hace un tiempo ya. Y sólo quiero pedirte que me dejes disfrutar. Cuando alguien esté a mi lado sonriendo de manera diferente a la tuya, con otro color de ojos, con otro cielo de fondo...que me dejes de cantar en la memoria, de bailar en las salas repletas de gente. Que me dejes de vivir tan dentro. Que te vayas. Sin despedidas. Que simplemente salgas cuando abra la puerta por las mañanas para ventilar la casa. Que no fuiste lo mejor, ni lo único. Pero quisiste ocupar el lugar privilegiado y yo te lo di con tantas ganas de que lo llenaras en verdad que casi me olvidé del resto, que era yo. Y ahora te llevo conmigo. Te llevo al respirar, al cantar, al sonreír, al desesperar. Te llevo sin saberlo a veces. Sin quererlo otras tantas.

Hoy sé que mi cuerpo no era tuyo ni tan sólo para ti. Pero sí lo que había por dentro...lo que había por dentro te lo di, tan confundida por el cómo hacerlo. No lo fue para nadie, porque no me sentí del todo en él contenida. Me salía de los límites tan físicos para hacerme invisible entre las sábanas. Y me duele que contigo no fue eso, que no fue sólo sexo. Que no podía expresar más que en silencio. Y los silencios son ecos pasados que me llaman una y otra vez cuando estoy quieta y cuando duermo. Contigo no fueron besos. Contigo no fue un peso y yo, que te sustento, intento dejarte caer por la escalera para ver cómo todo tú te descompones en pedazos al final. Pero siempre...siempre me quedará tu música y tus acordes, tus tritonos incompletos, tus dientes blancos, tus faciones de niño americano. Tus lamentos. Tu forma de inventarte. Siempre quedará un dolor que intentaré callar al aspirar nuevos olores, anestesiada por lo que no fuiste finalmente. Incapaz de tomar nada contra el dolor que me recuerda que exististe aunque no pueda permitirme cogerlo en su magnitud.

No puedo verte aún porque entonces todavía sería capaz de arrodillarme ante ti y besarte los pies que me ayudaron a caminar en esos años. Y besarte los labios y los daños. Y besarte la representación y besarme en ella. Anhelada por haberme visto en tantos cambios.

Si pienso en ti un segundo, me caeré. Y si lo sé así tan sólo podría dejarme u olvidarme de vivir. Y my baby...es lo único que tengo. Así que simplemente lo intento sin ti. Y te pienso como una película en blanco y negro donde la protagonista siempre fue otra distinta a la que ahora soy.

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