AZul ibiZenco

Bajo la luz de una vela que impregna el aire con olor a mango, la persiana bajada sólo la mitad, y las sábanas recién lavadas, me tumbo contemplando la pared azul ibicenco. Pienso que me gusta ese azul, algo atrevido, en la principal, y en la cantidad de veces que lo veré a partir de ahora. Pienso en cómo lo llamaría yo (¿añil?) en cualquier caso, todo tiene nombre propio ahora, y al final me parece relativo.

Me haces cosquillas. Te ha molestado, lo sé. Pero no puedo decirte todo así, de repente. Necesito pensar todavía que me queda espacio para poder echarme atrás si no me convence. Necesito engañarme y no verme en las mismas otra vez, contemplando paredes mientras se dibujan miles de preguntas en ellas. Pero te abrazo desde abajo, y me llega tu olor tibio y tu sonrisa. Te me quedas mirando en silencio y haces un gesto más...aún no sé. No sé qué significa ese, pero ahora quiero averiguarlo. Te separo el pelo de los ojos y los miro directamente, tan cerca. Y de pronto sé que no volveré a dudar de su color. Marrón...¿tierra? Sí, son del color de la tierra mojada. Y eso eres: tierra, simplemente. Pero no tierra aplastante, sino tierra sobre la que caminar segura y despacio, con pasos firmes, en el camino actual. Tierra después del cielo y el mar y las estrellas. Sé que prefiero estar tumbada para no marearme con las vueltas, la luz artificial y a un mismo tiempo natural de una mecha, el fuego y el calor, la persiana bajada, la intimidad, la oscuridad a veces, tu cercanía, tu olor, el sonido del agua de la ducha por la mañana, dejar de flotar para ser realista por una vez. Y me gusta la realidad ante mis ojos, tus ojos marrones, tu sonrisa. Me dices entonces que piensas que estaré pensando cómo identificar tu gesto, pero en el fondo sólo estaba pensando que ojalá no se me adivinara el mío, ese pensamiento en la mirada, esa frase que estaba a punto de escapar y que no estaba preparada para irse aún. Justo cuando tengo miedo de ser descubierta, te me descubres tú y te anticipas de nuevo, y todo es más fácil así. Si simplemente callo y te miro, si me expreso cuando algo me sienta mal, si las paredes no tienen cuadros ni marcos, si las ventanas no dan al mar, si el café tiene azúcar de más, si estás ahí...

Y debo reconocerme en este punto.

Y debo reconocerme en este punto que soy feliz cuando contemplo los colores a cualquier hora del día.

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