Cuando lo oscuro se deja ver claramente

Las personas solemos manejarnos en un marco de actuación más o menos estable, rutinario, conocido. Entonces hablamos de nuestro mundo, o nuestra vida, o nuestro modo de ver ambos. Pero otras veces descubrimos, generalmente a través del boca a boca, todo "otro mundo" que se nos escapa. Un mundo que no habíamos experimentado, ni visto, ni siquiera en muchas ocasiones intuido. Un mundo que, en otras, no queremos ver. Y por eso habita paralelamente al otro, pero por debajo del otro. No me refiero al contraste entre aquel que se acuesta cuando otros cogen el metro para irse a trabajar. Va mucho más allá. Yo diría que es más bien todo un juego de la mente, o la oscuridad que se deja ver con tanta claridad que abruma. Hablo del mundo de las sombras, de lo oculto, de lo no dicho, de lo que constituye socialmente un tabú, de aquello que no nos enseñaron nuestros padres ni nuestros amigos suelen tener entre sus citas habituales. Es aquello de lo que todos quieren saber y nadie sabe, en esa mezcla de curiosidad y temor. Aquello que, al llegar a nuestros oídos, nos genera una sensación siniestra. Y esa sensación siniestra es característica de lo que habita de alguna manera en nosotros pero no podemos revelar ni al resto, ni mucho menos a uno mismo. Pero que, llevado al extremo, puede resultar algo aberrante, escalofriante, difícil de "digerir", difícil de representar en ideas manejables. Aquello que se guarda directamente en el cajón de lo inconsciente y lo reprimido.

Pueden encontrarse muchos modos de expresar esto, muchos modos ahí fuera de materializarlo, pero me refiero en este caso a todo aquello relacionado con las prácticas sexuales perversas. Aunque los iniciados lo consideran un movimiento revolucionario de liberación sexual, otra forma de practicar el sexo, una ideología de los instintos más básicos, o una subcultura, a mí me sigue rozando con algo que llega a un límite (en la práctica y en mi capacidad para asimilarlo)

Madrid está plagado de locales donde se puede poner en práctica o "en juego" toda esta forma de ver al otro, de relacionarse, de provocar y experimentar dolor a través de las prácticas sexuales. La información está. Sólo hay que querer buscar un poco para que se nos abran diccionarios de términos novedosos, ideas nuevas y diferentes, y la introducción es relativamente fácil a nivel de lo teórico. El cruising, el fisting, el bondage...toda la "cultura del leather" que no es más que un juego de poder entre dominación y sumisión. Un juego que al fin y al cabo es mental. Comienza en los esquemas de la persona, y se desarrolla dentro de ésta. Pero encuentra su salida sólo en el acto, a veces extremo, para algunos cruel, para otros placentero. Una pulsión de vida y de muerte unidas como las dos cara de una moneda. Una compulsión a la repetición del acto como modo de experimentar el goce. Una forma de situarse ante el otro, no junto al otro, frente al otro. Ocupar un lugar en un acto, en una relación, en un mundo. Identificarse con el rol de amo o de siervo, utilizar palabras clave para dar acceso al otro o para que el otro nos indique dónde está su límite. Esto implica que el límite es variable, es flexible, y puede llegar a ser prácticamente infinito, incalculable, indeterminado. Azotar, quemar, flagelar, atar...pertenecen a lo más oscuro del hombre y de la mujer, a lo menos conocido, a lo que más pugna por salir a través (y a costa) de nosotros mismos.

Es caminar por una cuerda que resbala, intentando mantener un equilibrio que sólo puede hallarse en la experimentación de lo extremo. Es un asomarse al abismo, un llevar al acto lo que no se puede hablar. Es jugar. Jugar con fuego. Quien se adentra en lo inconsciente y vive de lo inconsciente corre el riesgo de quedarse únicamente atrapado en él.

Existe. Las puertas se pueden abrir. Cada uno elige qué hacer consigo mismo, cómo jugar con los contenidos de su mente (cuáles dejar bajo censura, cuáles desvelar, cuáles hablar, cuáles llevar al acto) y cómo situarse (de forma jerárquica o igualitaria, junto a o frente a) Está claro que algo se está movilizando en todo esto. Algo que no puede llegar a entenderse del todo. Algo donde se mezclan placer y destrucción. Algo que no tiene nombre. Algo que quiere y no quiere salir. Sólo en el inconsciente puede haber contradicción, y de hecho es su forma habitual: la paradoja. Lo uno y su contrario. Y de ello estoy hablando.

Pero cuando el placer de la vida es precisamente jugar con la vida misma, algo de esta vida está indicando que quiere resolverse y que no encuentra lugar ni camino por el que vehiculizarse más que la realización. A través de unos ojos que miran pero no ven más que la oscuridad de quien está mirando y de aquel que es observado.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Vacío fértil

Siete esquinas,7

la varita