Perfiles psicológicos: la Histeria
Ahí está ella: siempre queriendo seducir por seducir. No sintiéndose satisfecha nunca: ni con su imagen, ni con su valía como mujer. De hecho, no se considera mujer aunque la envidia, a esa idea que tiene de lo que debe ser una mujer (contraria a las características que ella ve en sí misma) Se enfrenta a los demás, siempre con el "no puedo" que no es más que la zancadilla que le sirve como excusa para mantener una queja larga y prolongada, a modo de lamento hacia lo injusto de la vida y de sus relaciones. Aparecerá ante ti con una imagen de seguridad fingida, exagerando sus rasgos femeninos cada vez más, como si eso fuera lo importante. Querrá, sobre todo, que el otro la desee. Sólo por sentirse deseada, para poder decir siempre que no a ese deseo. Para mantener la tensión de la cuerda que la haga situarse en un lugar. Se identificará con todo aquello que pueda, imitará a los demás en su forma de hablar, en sus gestos, en su careta. Intentará mostrar lo que no es, por miedo a decirse a sí misma qué es. Porque no lo sabe, y se mantiene sin querer saberlo por miedo. Lo primero que debe asegurarse es si la quieres, si ella puede despertar en ti lo que otras no pudieron. No aceptará a sus múltiples rivales femeninas, y sobre todo no aceptará la falta que ella puede tener y que quiere llenar a toda costa. El valor siempre se lo dará otro, y lo exigirá como algo que le fue negado, principalmente por parte de su padre. A menudo la podrás observar intentando lucirse en medio de un triángulo amoroso o erótico, situándose en la posición central, en el eje que lo articula todo. No entenderá una relación a dos donde no pueda competir con alguien más por ser la mejor. Y quizá lo más característico será su facilidad para llevar al cuerpo todos sus problemas: dolores somatizados, sensaciones corporales sin causa orgánica aparente, una forma de enfrentarse a sus preocupaciones pasándolo por el cuerpo. Porque el cuerpo será su vehículo: para seducir, para nublar la vista, para hacerse daño. Y sólo cuando acepte esa pérdida y pueda ser capaz de encontrar lo que de mujer le pertenece casi por derecho, será capaz de salir de todo aquello que la vincula de forma patológica al hombre y al resto de mujeres. Sólo cuando le sea dicho un "no" a su juego, cuando no se entre en él, podrá girarse hacia sí misma para observar que lo que le pasa no responde más que a su propia carencia y sus ganas de engañarse y de engañar.
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