Piernas entrecruzadas
Me enredo. Respirando acelerada a tu lado, a dos centímetros de tu piel. Muñeco, no sé cómo lo has hecho pero yo no soy así...No suelo quedarme a dormir, ni tomar cafés por las mañanas, ni apostar en la ruleta rusa por si la bala me dispara. Pero todo tu cuerpo abraza al mío y de pronto entiendo que todo está bien así, que todo está bien allí, en ese piso silencioso y tranquilo, ordenado y recogido. Todo está bien entre tus sábanas, y mi cabeza descansa apoyada en tu almohada. Dame cinco minutos para entender qué es lo que pasa. Cómo he saltado de una cosa a otra, cómo he sido capaz de dejar estos últimos meses atrás y caminar con paso firme. Cómo apareciste a mi lado. Cómo tus besos son la mezcla de una vida, y eres tantas personas a la vez. Cómo puede ser que todo gire tan deprisa.
Me puedo imaginar muchas mañanas, muchas noches más, muchas miradas. Y da miedo pensarlo. Cómo entras de esa manera tan temprana y sorprendente. Cómo te quedas un buen rato, bailando juntos a través del tiempo, escuchándonos el uno al otro. Da miedo enlazar una mano y entrecruzar tantas piernas. Llevarte como un contenido ineludible en mi flujo de cosas por hacer, y dejar pasar, y dejar hacer y hacerse. Hacerse a que estés.
Pero me gusta, en el fondo. Me gustas todo tú. Me gusta mi vida contigo. Subirme a un descapotable y sentir la velocidad en el cuerpo, el pelo al viento, la libertad de no atarme a nada en este mundo más que a mí misma. Ponerme unas gafas de sol y ver atardecer lentamente con el cielo entero gritándome al oído que hay un mundo ahí fuera. Y tú llevando el control, y yo queriendo tenerlo. Intentando robártelo a besos.
No aprietes el nudo demasiado fuerte, porque algunas cuerdas pueden fácilmente romperse. Y tener las piernas entrecruzadas puede, en cierta medida, impedirme caminar. Quédate a mi lado si eso es lo que quieres, pero no me dejes estancada en lo que eres. Déjame, simplemente, ser yo misma.
Me puedo imaginar muchas mañanas, muchas noches más, muchas miradas. Y da miedo pensarlo. Cómo entras de esa manera tan temprana y sorprendente. Cómo te quedas un buen rato, bailando juntos a través del tiempo, escuchándonos el uno al otro. Da miedo enlazar una mano y entrecruzar tantas piernas. Llevarte como un contenido ineludible en mi flujo de cosas por hacer, y dejar pasar, y dejar hacer y hacerse. Hacerse a que estés.
Pero me gusta, en el fondo. Me gustas todo tú. Me gusta mi vida contigo. Subirme a un descapotable y sentir la velocidad en el cuerpo, el pelo al viento, la libertad de no atarme a nada en este mundo más que a mí misma. Ponerme unas gafas de sol y ver atardecer lentamente con el cielo entero gritándome al oído que hay un mundo ahí fuera. Y tú llevando el control, y yo queriendo tenerlo. Intentando robártelo a besos.
No aprietes el nudo demasiado fuerte, porque algunas cuerdas pueden fácilmente romperse. Y tener las piernas entrecruzadas puede, en cierta medida, impedirme caminar. Quédate a mi lado si eso es lo que quieres, pero no me dejes estancada en lo que eres. Déjame, simplemente, ser yo misma.
Comentarios
Publicar un comentario