Nada que decir

Cuando un pensamiento se repite una y otra vez en mi mente, quiere decir algo. Quiere decir las palabras exactas que se presentan con tenacidad. Anoche conducía a las doce por una carretera con curvas y me di cuenta de qué se presentaba con insistencia. Era una frase, tan sólo una, pero me lo dijo todo: creo que hace tiempo que dejamos de querernos.

No quise comunicártelo, cuando me dijiste "ha sido raro. Quizá es que me había acostumbrado ya a discutir" Porque pensé en aquello de que lo contrario del amor es la indiferencia, y que mientras haya motivos para discutir, un odio manifiesto y una batalla, hay una emoción. Pero yo quería decir lo contrario: que ya no hay emoción, que no me ha dejado ni fría ni caliente. Simplemente se acabó. Y se acabó el mismo día que salí por la puerta de su casa para reflexionar sobre si quería realmente eso para mí. La última vez que sentí que le quería, y se lo dije desde el dolor de una separación (quizá por la separación misma), había dudas en esa afirmación, y fue esa misma tarde en la que decidí dejarlo estar en adelante, cuando decidí largarme del todo de su vida. Y ahora su vida me suena lejana, extraña, me suena con intermitencias, y me doy cuenta de que lo que más quieres es pertenecer a ella cuando amas a alguien, que haya un hueco para ti.

Hoy mi hueco está en escribir estas letras, en hacerme una bufanda, en ver a mis amigos, en las películas que sólo yo elijo, en la tranquilidad y la calma que llega al saber que algo terminó por fin, para dejar de ser o ser ya de otra manera.

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