Debería estar prohibido

Sólo atino a decirle: "debería estar prohibido" mientras contemplo en plena calle y durante unos minutos que se hacen eternos como una madre joven (Cuántos años tendrá? Quizá a esa edad yo no había echado siquiera mi primer polvo...o quizá sí pero no así!) trata a su bebito, que debe tener un año y va llenito de mierda y mocos, como si fuera un juguete que da la lata (recuerdo tener un muñeco de pequeña que se llamaba "babiñám" y que no hacía más que pedir galletas cuando lo activabas en el botón de la espalda. Me generaba tanto estrés su "quiero más, dame más" que tenían que apagármelo al ratito. Ahora me explico ciertas cosas...) Para empezar le grita, le grita mucho y el niño no para de llorar. Y cuando quiere subir y bajar por unas escaleras, explorando el mundo cual niño curioso, la madre le empieza a decir en un tono elevado y exasperante algo así como: "ya verás, te vas a caer, y cuando te caigas te caiste. Y voy a tener que llevarte al hospital para que te dén puntos" Como si pudiera entenderlo. El niño, haciendo caso omiso de esos razonamientos adultos que pretendemos instaurarles como si fueran microchips para que nos entiendan (en vez de entenderlos nosotros a ellos, como adultos que somos), sigue subiendo y bajando hasta que la pseudomadre le agarra fuertemente del brazo y le mueve de un lado para el otro gritándole porque acaba de perder la paciencia. ¿Cuánto ha durado? ¿un minuto? Y mientras le sienta a su lado le da varios cachetes en el cuello, fruto de su desesperación no pensada ni tramitada, fruto del pasaje al acto (como diríamos los psicoanalistas) Es en ese instante cuando yo me empiezo a poner tensa y pienso "como se le ocurra pegar al niño, intervengo" Y comienzo a plantearme qué podría hacer, pero desde luego mi fantasía es que los servicios sociales se lo quiten, porque debería estar prohibido que alguien pudiera tratar así a un bebé, que pudiera ser madre cualquiera. El niño le saldrá como es ella, y se criará en un ambiente que sólo podrá llevarle a ser más malo de lo que estaba programado genéticamente para ser. Será un niño perdido en este mundo, un niño más que engrosará las listas de delicuentes jóvenes. Una pena.

Cuando tengo al niño mirándome por encima del hombro de su madre me pongo a hacerle tonterías, y sonríe. Sonríe con todas sus encías al aire, como si fuera feliz. Y pienso en lo distinto de su futuro si hubiera dado con otra madre.

Es cuando miro a la mía y le digo eso de: "debería estar prohibido" y ella me constesta: "ya, y encima está embarazada de otro" Y me alegro enormemente de haber tenido la suerte (porque es cuestión de suerte) de que me haya tocado una madre como la que tengo, a pesar de todos sus defectos pasados y presentes. Al menos yo he tenido el margen para poder decidir cada día si quería ser feliz.

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