Dejarte ir

Me digo que soy una egoísta, porque no puedo dejarte ir. Dejar hacer, dejar pasar. El liberalismo y la libertad. Pero yo te abrazo, te abrazo y lloro. Un rato más. ¿Cuánto más? Debes cortarlo y levantarte, y preguntarme qué quiero de cenar. Yo debo ir de nuevo al baño, sonarme la nariz, limpiarme con una toallita los ojos...para poder parar. Soy una egoísta porque no quiero que te vayas. Y no es amor, lo sé. A ti se te escapa cocinando...ese lapsus en el que dices lo que ninguno de los dos queremos oír. Pero las mentes lo oyen, y callan un rato. Podría indicártelo. Podría preguntarte eso de "qué has dicho" pero en su lugar opto por el silencio. Me da miedo volver a escucharlo.

No estoy preparada. Ni contigo ni con nadie. Lo sé dentro de mí cuando contemplo el día fumando un cigarro a solas. Sólo me estoy dejando llevar por un ojalá. Sólo quiero escucharte hablar, y estar sentada a tu lado en su sofá mientras nos hacemos gestos equivocados. Mientras te doy un beso en el cuello, y me acaricias el hombro, y reímos y hablamos y no dejamos de pensar.

Se me escapa el "cariño" y me sorprendo. En qué juego extraño estamos descubriendo las cartas.

Sólo soltando. Sólo soltando. Pero ambos estamos agarrados a una misma cuerda, y tijeras en mano no somos capaces de terminar de cortarla y caer.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Vacío fértil

Siete esquinas,7

la varita