El unicornio azul
http://www.youtube.com/watch?v=dNqzUDbw4rc
Hace mucho tiempo. O en mi memoria parece que pasó mucho tiempo desde entonces. Hoy lo he recordado con nitidez. Estaría guardado en algún lugar lejano, sepultado por lo que vino después. Pero es un recuerdo dulce y emotivo, una canción que ahora me remueve por dentro al volverla a escuchar.
Fue durante nuestro reencuentro, en alguno de esos días de sol al atardecer. Estábamos tumbados en su cama. El pañuelo que ahora me dice que ha desparecido, lo que más recuerdo de esa habitación, se situaba frente a nosotros con su estampado místico. El amor nos envolvía en ese abrazo, entre las letras de esta canción, que sonaba de fondo. La puso, no sé quién. Sólo llegan desde lejos las sensaciones. Sé que estábamos abrazados. Él recostado sobre su espalda con las piernas estiradas, el tobillo derecho sobre el empeine izquierdo. Mientras sonaban las primeras notas al piano, yo le agarraba por la cintura y reposaba tranquila sobre su pecho. Sus brazos me envolvían con cierta presión, y podía sentirle escuchar la música como yo. Mientras nos dejábamos llevar por su melancolía nos inundó el recuedo triste de habernos perdido, los momentos en los que nos habíamos pensado a solas deseando que la vida nos volviera a unir para poder ser ambos, sin nadie alrededor mirando. Entonces lo sentí dentro, ese estallido de anhelo, de echar de menos. Ese miedo a que fuera tarde ya. Y él debió de pensar otro tanto, quién sabe qué pasaba por su mente. El caso es que en aquel momento nos sentimos más unidos que nunca, más desados que nunca, y comenzamos ambos a llorar a un mismo tiempo en silencio. Yo me enjugaba las lágrimas casi al final de la canción, y mientras lo hacía le miré, y nuestro amor, tan grande, tan expansivo, fue en el silencio de quien ya lo ha dicho todo. En el espacio en el que sólo las caricias y aquel beso podían tener sentido ahora. Y nos llegó el momento. El momento de amarnos, y de saberlo los dos dentro sin necesidad de hablar una palabra más.
Hace mucho tiempo. O en mi memoria parece que pasó mucho tiempo desde entonces. Hoy lo he recordado con nitidez. Estaría guardado en algún lugar lejano, sepultado por lo que vino después. Pero es un recuerdo dulce y emotivo, una canción que ahora me remueve por dentro al volverla a escuchar.
Fue durante nuestro reencuentro, en alguno de esos días de sol al atardecer. Estábamos tumbados en su cama. El pañuelo que ahora me dice que ha desparecido, lo que más recuerdo de esa habitación, se situaba frente a nosotros con su estampado místico. El amor nos envolvía en ese abrazo, entre las letras de esta canción, que sonaba de fondo. La puso, no sé quién. Sólo llegan desde lejos las sensaciones. Sé que estábamos abrazados. Él recostado sobre su espalda con las piernas estiradas, el tobillo derecho sobre el empeine izquierdo. Mientras sonaban las primeras notas al piano, yo le agarraba por la cintura y reposaba tranquila sobre su pecho. Sus brazos me envolvían con cierta presión, y podía sentirle escuchar la música como yo. Mientras nos dejábamos llevar por su melancolía nos inundó el recuedo triste de habernos perdido, los momentos en los que nos habíamos pensado a solas deseando que la vida nos volviera a unir para poder ser ambos, sin nadie alrededor mirando. Entonces lo sentí dentro, ese estallido de anhelo, de echar de menos. Ese miedo a que fuera tarde ya. Y él debió de pensar otro tanto, quién sabe qué pasaba por su mente. El caso es que en aquel momento nos sentimos más unidos que nunca, más desados que nunca, y comenzamos ambos a llorar a un mismo tiempo en silencio. Yo me enjugaba las lágrimas casi al final de la canción, y mientras lo hacía le miré, y nuestro amor, tan grande, tan expansivo, fue en el silencio de quien ya lo ha dicho todo. En el espacio en el que sólo las caricias y aquel beso podían tener sentido ahora. Y nos llegó el momento. El momento de amarnos, y de saberlo los dos dentro sin necesidad de hablar una palabra más.
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