Al abrir la ventana allí estaba. Se presentaba de pie en el marco, con toda su altura sobrepasaba los límites de la verticalidad. Venía rodeado de un aura de luz, como si una luna llena le iluminara desde atrás, recortando su silueta en la oscuridad de la noche. A pesar de no poder reconocer su rostro, se recortaban en el aire con absoluta nitidez sus alas blancas desplegadas. Eran plumas enormes, alargadas, y a la vista parecían de un tacto esponjoso y cálido, casi sin fuerza para volar. Pero la estructura era firme, llena de filamentos transparentes y gruesos de la raíz a la punta. En cada una de ellas estos filamentos se ramificaban hacia los lados, como si quisieran crecer más allá de las mismas plumas.

Paralizada por la imagen retrocedió sobre sus pasos, lentamente, un pie detrás del otro, temiendo tropezar con algún jarrón y romperlo, causando un ruido que lo haría desaparecer igual que se había presentado, sin anunciar su visita. El parquet de madera crujía levemente bajo su peso pero causaba apenas un susurro en medio de aquel silencio embriagador. El ángel se agachó, y recogiendo las alas consiguió traspasar el umbral de la ventana, dando un paso ingrávido hacia ella. Se posó en el mismo parquet que ella pisaba, pero sus pies parecían flotar sobre la superficie, como impulsados por una energía invisible que lo mantenía sin poder contactar con el suelo firme. Entonces descubrió su piel morena, e imaginó el tacto suave, resbaladizo. Casi podía oler su aroma que llegaba a cada poro de su piel y le erizaba el vello. El ángel se la quedó mirando fijamente, de frente, en medio de la habitación vacía. Esta vez ella sí pudo contemplar su pelo rubio, su fisionomía casi infantil, sus ojos claros, y esa sonrisa que parecía estar hablando sin hacerlo. Se le llenó el pensamiento de mil preguntas que hacerle (a qué has venido, qué haces aquí, cómo has llegado...) Pero sólo pudo pronunciar una entre todas ellas, casi en un susurro imperceptible, un susurro inaudible para el humano pero que sin duda alguna él podría captar:

"¿Quién eres?"

Y el ángel desapareció.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Vacío fértil

Siete esquinas,7

la varita