Confusión

No puedo darte más. Y desde esta incapacidad mutua, seguimos estando. No me salvarás un domingo, ni un lunes, ni un martes...ni los próximos meses, a los que debo enfrentarme sola. Ni por supuesto una vida. Sé que no llegaste para quedarte mucho tiempo. Sé que tu papel es corto, no demasiado importante, casi secundario. Sé que soy yo el personaje principal de mi propia obra, y que debo salir a escena y recitar los versos tal cual los escribieron, tal cual los escribí: sólo para que yo los leyera ante el público, fuera quien fuera ese público. Sé que entre los besos y abrazos aún queda algo, pero no sé decir qué. Si es tu rencor camuflado, tu intento de cambio, o mis ganas de entender algo. Sé que hoy me faltan palabras para encontrarlo, y por eso me pregunto tantas cosas. Sé que la duda se ha instaurado entre nosotros y que ahora ya no podemos mirar hacia otro lado. Sé que no puede ser de otra manera, que me amputaron el brazo y la pierna, las ganas de quererte, las ganas de dejarte. Sé que no es fácil permanecer sin saber cómo hacerlo. Sé que no hay respuesta ni tú puedes dármela. Sé que no debí plantear preguntas a quien se pierde entre ellas. Que ahora no podemos hacernos cargo de ninguna emoción más allá del agobio. Sé que estoy agobiada contigo, y que necesito respirar de alguna forma. Sé que busco quedarme tumbada desnuda en una cama extraña, contemplando unos zapatos que regalé para seguir caminando, una ropa en el suelo, con la ventana abierta escuchando los murmullos de la vida de otros, colándome en ellas sin pedir permiso, oliendo tus sábanas un rato más, y queriendo tener la sensación del verano, en el que todo es posible (también lo pasajero y efímero)

Sé que vienes a buscarme, a romper ese momento de calma entre todas esas cosas, y me pregunto por qué lo haces, para qué. Si es que no puedes estar solo un momento más, sólo un momento más. En otra habitación, haciendo cosas, mientras yo me dedico a sentir, que es lo que quiero. Que es lo único que puedo hacer ahora, en esta hora que no tiene cifras ni comienza ni termina en nada exacto. Lo único que puedo hacer es contemplar, y preguntarme, y aceptar que no encuentro respuestas, y sentir emociones que no sé nombrar.

Me pides favores pero yo no puedo implicarme. No puedo entrar sin más y quedarme. No puedo prometerte que estaré. Pero quiero que confíes en que sigo estando, ahora, en este instante que mañana será ayer. Que nos preguntemos qué hacemos aquí, en esta tarde, con estas cosas, sin esas ropas. Qué estamos manteniendo entre los labios. Qué buscamos al buscarnos. Qué simbolizamos.

Sigues diciéndome que me tumbe a tu lado, que me quede a cenar, que te abrace mientras duermes, que no me vaya. Mientras tanto me ofreces contradicciones, respuestas ambiguas, silencios, defensas...Pero sólo cuando hablas, cuando besas, cuando miras, dices la verdad. Y sólo cuando estás eres sincero, aunque aún no puedas saber nada. Sólo cuando preguntas eres tú. Sólo cuando te duermes y utilizas mi hombro para descansar, y entrelazas tus piernas con las mías, y me acoges entre tu brazo, y buscas el calor de mi cuerpo.

Yo tampoco puedo darte más que un espejo sobre el que devolverte tu reflejo. Porque tu pregunta no es la mía, ni mis dudas son las tuyas, ni tu camino es mi camino. Puedo centrarme en averiguar cuál es mi propia pregunta. Jamás en contestar la tuya, ni en planteártela. Jamás en ser tu solución en esta etapa.

No sé qué hago aquí. No sé cuánto tiempo más estaré. Sólo sé que no puedo encerrarme en una cárcel de espera ni adaptarte a tu ritmo, porque eso no soy yo. Ni nací para vivir entre las dudas de un otro, sino en las mías propias.

Te quedas dormido en el sofá, pegado a mi lado. Te siento caer en un sueño profundo, mientras aguanto los espasmos de tus músculos relajándose sobre mis piernas. Te susurro lentamente para que despiertes, y te digo que te vayas a la cama porque te dolerá el cuello otra vez. Dices cosas incoherentes en tu desvelo, gastas alguna que otra broma, dices que tienes frío cuando me he levantado. Llevo las almohadas a la cama y sales del baño para despedirme. Te digo "descansa" y me besas en los labios suavemente. Me dices "ten cuidado" mientras camino hacia la salida, con mis emociones entre las manos, con mi sensación de despedida. Y me pregunto qué significan esas palabras tan rutinarias, ese beso tan de otra cosa. Pero conduzco hacia mi casa sin pensar porque no hace frío esta noche, porque estoy cansada. Me acuesto entre mis sábanas y pienso entonces que debo proponerme seriamente acabarlo todo aquí, así, sin palabras. Caigo en mis propios sueños donde soy, una vez más, el sujeto que sujeta su vida. Y me digo que mañana será otro día: lunes. Y que hará sol, y que tú seguirás sin estar hasta que decidas aparecer de nuevo, y que yo debo irme en mis silencios para que notes mi ausencia y te entre frío. Para que yo pueda hablar conmigo misma y escucharme sólo a mí.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Vacío fértil

Siete esquinas,7

la varita