Duermes. Estás en ese estado en el que me gustaría decirte tantas cosas... Quisiera hablarte de la vida, de la muerte (esa a la que tanto temes) de encontrarse con el dios interior, del poder de la reflexión, de cómo te sientes cuando maduras. Me gustaría susurrarte lo valiosa que soy. Cómo, si me haces de nuevo un hueco a tu lado, seré aquella que te lo dé todo y que comprenda tus dificultades. Quisiera decirte que te acepto, porque veo más allá de lo que cuentas. Que te admiro en parte, por saber vivir cada momento como si fuera el último. Quisiera decirte que a veces me siento sola, y otras lo disfruto tanto que soy reacia a que alguien llegue y llame a mi puerta. Quisiera decirte que hay momento. Que siempre hay un momento en el que todo cambia. Es ese instante en el que te das cuenta de que te has quedado ensimismado escuchándole hablar, reteniendo en la memoria cada uno de sus gestos, su sonrisa...olvidando sus palabras. Y sabes entonces que todo lo ves ya de otra manera. Los ojos giran y todo brilla. Quisiera decirte que me dejes ayudarte, y no sé cómo. Que tengo esperanzas de seguir estando, y ver qué ocurre. Que quizá no dejé de quererte aún, aunque tengo mis dudas sobre tú y yo. También quisiera decirte que hay veces que sin darme cuenta se me pega tu olor a la nariz, y me acompañas un ratito en la rutina diaria. Que me encanta tu voz por teléfono, su matiz suave y adormilado.

Quisiera decirte muchas cosas que ahora callo, muchas cosas demasiado sinceras para ser escuchadas. Contarte toda la verdad, o al menos la verdad ahora. Pero estoy esperando ese agua de mayo.

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