Te digo
...dedícame una tarde entera. Quiero conocerte, pasar tiempo a tu lado, hablar de todo un poco, coger confianza, abrazarte sin prisas, besarte sin prisas. Te digo buenas noches en pleno despertar del día, cuando recibo tu contacto en mitad de una clase de psicología del lenguaje. Te digo que ha sido un día duro y me llamas y me ves un rato antes de seguir con nuestras vidas independientes. Y me alegro de que estés, aunque a veces sólo quiera estar en silencio. Te digo "quiero que estés ese día", y te estoy diciendo muchas cosas: que tengo miedo pero quiero lanzarme a la piscina, saber si floto en ella, saber cómo nadas tú, a contracorriente, entre lo que yo soy.
Te digo en las conversaciones con amigas, en los mensajes escritos con prisa, en el momento antes de dormir. Te digo que me apetece, que sí, que quiero vivir. Que aún no he agotado todo lo que puedo ser y darme y dar, y recibir. Que aún no he tirado la toalla, aunque suela tener ganas. Que pienso en un futuro y te incluyo en él, por qué no...quién sabe. Sólo sé que quiero que haya un mañana para mí.
Y es una carambola de la vida, eso de que en un momento sea un no y luego un sí, cuestión de azar o suerte, cuestión de casualidades o quizá pase porque tenga que pasar. Me cuestiono si puedo hacerlo, cada momento (y tampoco es una novedad)Pero algo me impulsa a probar. Probar, simplemente. De forma distinta, más controlada y pausada, menos entregada. Me puede la curiosidad, me pueden tus ojos y la forma de tu nariz, el color de tu piel. Me puede tu abrazo fuerte, casi aplastante, tus brazos grandes, tus piernas fuertes, el timbre de tu voz, tus silencios, lo que te callas y te guardas para ti.
Me puede vivir.
Te digo en las conversaciones con amigas, en los mensajes escritos con prisa, en el momento antes de dormir. Te digo que me apetece, que sí, que quiero vivir. Que aún no he agotado todo lo que puedo ser y darme y dar, y recibir. Que aún no he tirado la toalla, aunque suela tener ganas. Que pienso en un futuro y te incluyo en él, por qué no...quién sabe. Sólo sé que quiero que haya un mañana para mí.
Y es una carambola de la vida, eso de que en un momento sea un no y luego un sí, cuestión de azar o suerte, cuestión de casualidades o quizá pase porque tenga que pasar. Me cuestiono si puedo hacerlo, cada momento (y tampoco es una novedad)Pero algo me impulsa a probar. Probar, simplemente. De forma distinta, más controlada y pausada, menos entregada. Me puede la curiosidad, me pueden tus ojos y la forma de tu nariz, el color de tu piel. Me puede tu abrazo fuerte, casi aplastante, tus brazos grandes, tus piernas fuertes, el timbre de tu voz, tus silencios, lo que te callas y te guardas para ti.
Me puede vivir.
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