Sal en la herida
Duele. Si por un momento despierto y sé algo que tiene que ver contigo.
Duele. Si por un momento decido saber de ti voluntariamente, por un hecho concreto.
Duele leerte, si eso sucede. Duele verte, si te me apareces en una foto mirando a una Alex que hace tiempo quiero dejar atrás.
Duele si llega una canción con el viento que habla del vacío y que se hizo nuestra en la distancia. Si leo unos versos que quisiera compartir...sólo contigo. Duele saber que sólo tú entenderías su magnitud y esas palabras.
Duele encontrar palabras más tarde de lo que pudo ser, más tarde del momento en que hubieran venido bien.
Todo tú ahora es una búsqueda de palabras y sentido inconsciente. Todo tú eres un intento de olvido, un intento de no sentir, de dejarlo estar. Y me sorprendo con un brazo apoyado en el borde del cristal de un autobús diciéndome a mí misma que no es normal que no duela algo tan grande.
Me he dicho tantas veces que no debo reír si tú no estás, que no debo sentir nada más que tu ausencia, que no debo soñar con nadie más lo que a ti estaba dedicado en cuerpo. Pero sí que duele cuando encuentra una grieta por la que colarse y aparecer en una mañana nublada de marzo. Entonces son tan grandes las ganas de llorar que no puedo permitirme un tropiezo en esto, ni un minuto, por si estalla el mundo en mi interior cual gran big bang de la creación de un amor que quizá pueda haber sido el amor de mi vida.
No encontrarte en la distancia es más fácil, pero si llegas lo haces de una forma tan clara como abrumadora. Y surge el miedo, en todas sus vertientes, creciendo de manera exponencial, infinita, vaciándose en el resto de los días, expandiéndose a todo lo que he sido y lo que fuimos, a lo que queda por venir. Tengo que bajar entonces la velocidad de mi mente, engañarme con cuentos absurdos, ponerme defensas como capas contra el frío, ducharme con agua ardiendo para que se vaya el hielo de mis huesos.
Basta un acorde, un verso, una metáfora, un color...para que seas de nuevo con la misma intensidad. Y asusta saberlo, hacerlo consciente.
Porque tengo que continuar sin ti.
Joder, un segundo...en un sólo segundo implosionas dentro de mí. Qué magnitud, qué insoportable. Qué fuerza tuvimos...
Duele. Si por un momento decido saber de ti voluntariamente, por un hecho concreto.
Duele leerte, si eso sucede. Duele verte, si te me apareces en una foto mirando a una Alex que hace tiempo quiero dejar atrás.
Duele si llega una canción con el viento que habla del vacío y que se hizo nuestra en la distancia. Si leo unos versos que quisiera compartir...sólo contigo. Duele saber que sólo tú entenderías su magnitud y esas palabras.
Duele encontrar palabras más tarde de lo que pudo ser, más tarde del momento en que hubieran venido bien.
Todo tú ahora es una búsqueda de palabras y sentido inconsciente. Todo tú eres un intento de olvido, un intento de no sentir, de dejarlo estar. Y me sorprendo con un brazo apoyado en el borde del cristal de un autobús diciéndome a mí misma que no es normal que no duela algo tan grande.
Me he dicho tantas veces que no debo reír si tú no estás, que no debo sentir nada más que tu ausencia, que no debo soñar con nadie más lo que a ti estaba dedicado en cuerpo. Pero sí que duele cuando encuentra una grieta por la que colarse y aparecer en una mañana nublada de marzo. Entonces son tan grandes las ganas de llorar que no puedo permitirme un tropiezo en esto, ni un minuto, por si estalla el mundo en mi interior cual gran big bang de la creación de un amor que quizá pueda haber sido el amor de mi vida.
No encontrarte en la distancia es más fácil, pero si llegas lo haces de una forma tan clara como abrumadora. Y surge el miedo, en todas sus vertientes, creciendo de manera exponencial, infinita, vaciándose en el resto de los días, expandiéndose a todo lo que he sido y lo que fuimos, a lo que queda por venir. Tengo que bajar entonces la velocidad de mi mente, engañarme con cuentos absurdos, ponerme defensas como capas contra el frío, ducharme con agua ardiendo para que se vaya el hielo de mis huesos.
Basta un acorde, un verso, una metáfora, un color...para que seas de nuevo con la misma intensidad. Y asusta saberlo, hacerlo consciente.
Porque tengo que continuar sin ti.
Joder, un segundo...en un sólo segundo implosionas dentro de mí. Qué magnitud, qué insoportable. Qué fuerza tuvimos...
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