127/200
Apareces con el gorro que compramos juntos un día, con tu camisa peculiar al fondo y yo, apoyada en la barra, hago como si no pasara nada. Ya no soy protagonista en esa situación, ni lo soy en tu vida, ni tú en la mía. Pero cómo decirte...siempre me traes a la mente una sensación familiar. Eres de esas personas que no son extrañas ni ajenas cuando ha pasado el tiempo, con quien se engancha fácilmente en una conversación sin finalidad concreta, con quien no se habla del tiempo sino de la vida, sin tener que contar historias de nada. No hace falta que respondas a muchas cosas. Me hice experta en leerlas en tus ojos, que me miraron muchas veces de múltiples formas. Busco el baño y me paras en un pasillo angosto en el que es imposible huir. Me paro a corresponder a los dos besos que me lanzas agarrándome del cuerpo, y sólo puedo sonreírte. Me extiendes el brazo por encima de otros para darme un proyecto vuestro y lo agradezco. La vida está hecha de detalles: el número 127 de una maqueta por el que me preguntas, el gorro de rayas roja y azul, la camisa de Budapest, los cuatro besos para despedirse, el nombramiento de un concierto próximo, el solo de guitarra, que calles si te pregunto qué tal todo. Tú fuiste mi mayor detalle, lo mejor de mi historia personal. Me acuesto en la cama a las tres de la mañana y me emociono al recordarte, pero es bueno. Me duermo con muchos pensamientos, con la paradoja grabada en el cuerpo que, como un imán, tiende a querer besarte y abrazarte cuando estás a escasos centímetros de mí. Me duermo pensando que las cosas ahora son muy distintas, que no me dueles ni eres intenso, pero nada borrará lo que fuiste. Me duermo pensando, sobre todo, que me sigues emocionado en algún profundo lugar de lo que soy. Quizá sea esa interacción que no cambia por mucho que queramos, esa mirada cómplice entre ambos que siempre acabo encontrando en un milisegundo de una noche. Pienso que soy afortunada por haber vivido junto a ti (no podía haber sido junto a nadie más) algo tan grande (porque los dos nos sentimos grandes en ello) Y me digo que, entre el nudo de pensamientos y emociones que me acompañaba a menudo, entre la cantidad de problemas que surgieron en el camino, entre la sensación de haber sido constantemente la "niña mala", de haber sentido que puedo hacer tanto daño como capacidad tengo de amar, entre las pequeñas mentiras que me salvaron en más de una ocasión...entre todo eso, TÚ, noches de luna llena blancas, fuiste lo más puro que viví, lo más esencial. Fuiste también yo en algún lugar y momento. Fuiste todo lo que soy capaz de dar y de reír, y de sentir felicidad. Mi menor de los problemas y mi gran ilusión y alegría. Fuiste, baby, el amor más sincero y pleno que fui capaz de darme a mí misma y de compartir. Me alegro de haber sido contigo, de haber hablado en plural durante mucho tiempo, de haber vuelto a buscarte con una carta de siete folios un quince de noviembre, de habernos despedido un treinta y uno de octubre. Sé que si no hubieras pasado por mi vida no hubiera llegado al punto en el que estoy, y todo habría sido diferente. Si no hubiéramos sido, no podría decir ahora sonriendo que viví algo inolvidable y enorme, ni utilizar metáforas, ni hubiera llegado a saber cuánto puedo amar a alguien después de haber sufrido. Tampoco sería consciente de mi capacidad de supervivencia y vivencias, ni del proceso de recuperación que construyo con mis manos cada día, ni de la caída necesaria para levantarme tras la que siempre vuelvo a mí.
Déjame hacerte un guiño en esta mañana de sábado y decirte que, por mucho que ocurra entre ambos, seremos lo que fuimos, reactualizándonos, en cada nuevo encuentro. Te seguiré llevando en un lugar privilegiado muy dentro, te seguiré pensando en la distancia y sintiendo como aquello que me hizo vibrar hasta explotar de alegría, como el primer hombre con quien hice realmente el amor, como la persona que no dejó de confiar en mí, como el mejor tramo del camino, el mejor compañero de experiencias.
Deseo realmente que seas muy feliz, que se borre el sufrimiento de tu rostro y el cansancio acumulado, y que en la vida encuentres aquello que mereces en esencia: ser amado y respetado, sentirte libre, entendido, crecer un poco más cada momento, y ser tan único como tu camisa.
Gracias por todo. Cuanto más me alejo más me doy cuenta de que fuimos algo grande. Y haber vivido esto con casi veintitrés años, me hace querer sonreírle a todo lo que está por venir.
Déjame hacerte un guiño en esta mañana de sábado y decirte que, por mucho que ocurra entre ambos, seremos lo que fuimos, reactualizándonos, en cada nuevo encuentro. Te seguiré llevando en un lugar privilegiado muy dentro, te seguiré pensando en la distancia y sintiendo como aquello que me hizo vibrar hasta explotar de alegría, como el primer hombre con quien hice realmente el amor, como la persona que no dejó de confiar en mí, como el mejor tramo del camino, el mejor compañero de experiencias.
Deseo realmente que seas muy feliz, que se borre el sufrimiento de tu rostro y el cansancio acumulado, y que en la vida encuentres aquello que mereces en esencia: ser amado y respetado, sentirte libre, entendido, crecer un poco más cada momento, y ser tan único como tu camisa.
Gracias por todo. Cuanto más me alejo más me doy cuenta de que fuimos algo grande. Y haber vivido esto con casi veintitrés años, me hace querer sonreírle a todo lo que está por venir.
Comentarios
Publicar un comentario