Ojos azules 2
Dos veces. Dos negativas. Miedo...joder, otra vez. Pero me queda expresarlo, y lo hago bien. Con calma, con lógica. Temo el resultado. Que digas "me voy" o "no te aguanto"...aquí estoy yo, pero ahora al menos lo sé y lo reconozco.
No sé qué me dicen tus ojos. Me preguntas si en la terapia me ayudan a confiar y te digo que al menos me ayudan a saber que no suelo confiar. Supongo que te quedas igual de congelado en esa noche de marzo. Pero eso es lo que hay. Y esto es lo que soy. A veces parecen decirme que eres buena persona, que te quedas por algo. Y yo empeñada en saber por qué, porque me importas y hay mucho más detrás. Otras eres el felino audaz, perspicaz, seductor. Y me gusta contemplarte mientras hago que no te miro, por si acaso crees que te estoy mirando. No quiero que me averigües demasiado, la verdad. Ya he captado tu forma de dejarlo en el misterio, y no estoy para más juegos, pero una partida más sí arriesgo. Alguien me dijo que el que no arriesga no gana. Estoy buscando el equilibrio perfecto entre desearte y salvarme a tiempo. Y lo estoy consiguiendo. Creo.
Me abrazas desde lo alto, con las espaldas grandes. No dejas hueco entre medias y me sorprende. Me dices: "si se abraza, se abraza bien" y eso mismo pienso yo. Me alegro. De tenerte a escasos centímetros de mí, de olerte tan de cerca, de soñarte así, desnuda sobre un altavoz mientras vuelves de quién sabe dónde y no me angustia tu partida ni me inunda tu llegada.
No te cojo el punto, ojos azules. Me pasa cuando la emoción me lleva por caminos desconocidos. Siempre me acabo sintiendo como la primera vez, y casi tiemblo. El frío...claro, el frío...
Quizá no pueda redescubrir una teoría metafísica contigo, pero eso es lo que me gusta de esto: tu capacidad de simplificar a asuntos diarios, tu excesiva practicidad y lógica, lo distinto que eres de mí, que me pares los pies cuando me pongo pesada.
No sé qué es del todo. Pero sé que me vuelvo excesivamente tímida, y que tengo ganas de acariciar tus manos y llevármelas a los labios para dejarles un sello efímero. Sé que me pongo nerviosa al saber que te veré, que no puedo dormir si me llega tu mensaje, que me turba tu presencia física y rehúyo tus ojos directos. Sé que doy un paso atrás, o agacho la cabeza ante tu intento. Sé que vale mucho más que todo eso para mí, y sólo pido que lo entiendas en algún lugar de ti. Sé que tengo ganas de darme media vuelta al despedirte y hacer lo que no me atrevo a hacer. Pero también sé que es la única manera de ver adónde me llevará esto, si es que me lleva a algún sitio y...de momento, no puedo ni quiero darte más.
También sé que cuando reviente, será la gran explosión imparable en la que me fui convirtiendo.
No sé qué me dicen tus ojos. Me preguntas si en la terapia me ayudan a confiar y te digo que al menos me ayudan a saber que no suelo confiar. Supongo que te quedas igual de congelado en esa noche de marzo. Pero eso es lo que hay. Y esto es lo que soy. A veces parecen decirme que eres buena persona, que te quedas por algo. Y yo empeñada en saber por qué, porque me importas y hay mucho más detrás. Otras eres el felino audaz, perspicaz, seductor. Y me gusta contemplarte mientras hago que no te miro, por si acaso crees que te estoy mirando. No quiero que me averigües demasiado, la verdad. Ya he captado tu forma de dejarlo en el misterio, y no estoy para más juegos, pero una partida más sí arriesgo. Alguien me dijo que el que no arriesga no gana. Estoy buscando el equilibrio perfecto entre desearte y salvarme a tiempo. Y lo estoy consiguiendo. Creo.
Me abrazas desde lo alto, con las espaldas grandes. No dejas hueco entre medias y me sorprende. Me dices: "si se abraza, se abraza bien" y eso mismo pienso yo. Me alegro. De tenerte a escasos centímetros de mí, de olerte tan de cerca, de soñarte así, desnuda sobre un altavoz mientras vuelves de quién sabe dónde y no me angustia tu partida ni me inunda tu llegada.
No te cojo el punto, ojos azules. Me pasa cuando la emoción me lleva por caminos desconocidos. Siempre me acabo sintiendo como la primera vez, y casi tiemblo. El frío...claro, el frío...
Quizá no pueda redescubrir una teoría metafísica contigo, pero eso es lo que me gusta de esto: tu capacidad de simplificar a asuntos diarios, tu excesiva practicidad y lógica, lo distinto que eres de mí, que me pares los pies cuando me pongo pesada.
No sé qué es del todo. Pero sé que me vuelvo excesivamente tímida, y que tengo ganas de acariciar tus manos y llevármelas a los labios para dejarles un sello efímero. Sé que me pongo nerviosa al saber que te veré, que no puedo dormir si me llega tu mensaje, que me turba tu presencia física y rehúyo tus ojos directos. Sé que doy un paso atrás, o agacho la cabeza ante tu intento. Sé que vale mucho más que todo eso para mí, y sólo pido que lo entiendas en algún lugar de ti. Sé que tengo ganas de darme media vuelta al despedirte y hacer lo que no me atrevo a hacer. Pero también sé que es la única manera de ver adónde me llevará esto, si es que me lleva a algún sitio y...de momento, no puedo ni quiero darte más.
También sé que cuando reviente, será la gran explosión imparable en la que me fui convirtiendo.
Comentarios
Publicar un comentario