Deseo

Me llegan tus palabras sinceras en un jueves por la noche en el que no quiero mirar el reloj. Me da miedo ver que el tiempo pasa, y que yo, paralizada en cierta medida, soy experta en convertir mi deseo en miedo.

Qué fácil verlo desde fuera, cuando uno no se juega nada, y convertir una vivencia en risas durante una comida entre amigas. Eso es lo que me gusta de vosotras, que conseguís hacer simple lo que a mí me parece complicado. He adoptado entre vosotras ese rol, que se me ve incluso al caminar solitaria sobre cualquier pavimento sólido. Pero mi mente, la conceis mejor que nadie, funciona de forma distinta. Entendí mejor lo difícil que lo fácil. Quizá porque lo difícil me obligó a intentar entenderlo con más ganas.

Pero volviendo a este título lleno de signficado te digo que para mí sí es un salto al vacío y tú te sorprendes. Claro, no me conoces lo suficiente. Me preguntas a qué tengo más miedo, y lo bueno es que hemos generado en un par de horas un espacio lo suficientemente tranquilo como para confesar lo inconfesable. Por eso puedo ser yo misma, por eso y por mi pacto en estos meses de ser aceptándome, sea lo que sea.

Se me sale la sonrisa y otra D me recoge a modo simbólico lo que se escapa en ella. Pero nadie sabe todo lo que puede haber detrás, ni conoce lo oculto ni lo oscuro de mi forma, a lo que más temo de todo en realidad.

Hago una excepción por ti y me digo a mí misma que no haré muchas más. Ellas me vienen entonces a definir la situación como mis intensas ganas de ponerlo todo en una caja de madera con límites claros y precisos, aludiendo a la dificultad de no dar margen a la espontaneidad (mi gran desconocida)

Me defines como ingenua e impaciente, y no vas bien intentando definirme porque si algo puedo asegurar es que me gusta salirme de los límites. Quizá los pongo sólo para romperlos en una fracción de segundo en un momento poco claro, en un día cualquiera. Nos figuramos como dos soldados intentando disparar y apuntar en la diana. Pero no sabemos bien cómo utilizar un arma, o al menos no hemos llegado a eso. Lo preocupante es hacerlo.

Te propongo un trato a modo de resumen general, y me contestas con unas palabras que me vienen a decir por dentro que me vaya a dormir porque ya es tarde. Te me apareces entre esas fases del sueño como un deseo intenso y expansivo, al que el miedo reduce cuando te tengo cerca. Nunca he soportado bien la sensación de intimidad. El agobio ha sido también un tema para mí, pero canalizado en otras múltiples formas.

En cualquier caso me gusta que estés, y me gusta escucharte. Me gusta verte sonreir de esa manera tan indefinible. Me gusta imaginar tu espalda bajo una camiseta verde o negra. Me gusta vislumbrarte con tus palabras. Me gusta contradecirme una y otra vez. Pero no quiero seguir interpretando ni el papel de mi vida ni la máscara, ni las palabras de otros ni sus problemas.

Lo cierto es que estoy pensando en ti, joder, y en que soy un hueso duro de roer. No quiero ponerte una y otra vez la zancadilla a ver si caes y levantas sin ayuda. No quiero sacar lo peor de mí contigo, ni lo que fui, contigo.

Sólo quiero besarte pero sé que será imparable ya. Y que empezaré a preguntarme cosas que ahora no me planteo resolver. Debo reconocer que te imagino en muchas situaciones, y que tengo curiosidad por vivir más. Que me pregunto qué harás al llegar a casa o cuánto tiempo dedicarás al día a permitirte un pensamiento para mí. Debo reconocer que tengo ganas de saberte y saborearte. Dejar los peros a un lado y experimentar sin representarme las consecuencias. Debo reconocer que tengo miedo de cansarme fácilmente, de que seas algo pasajero. En la misma medida que lo tengo a que te quedes mucho tiempo.

No es fácil lidiar con los colores, los recuerdos y el deseo. No es fácil lidiar con lo desconocido, ni conocer demasiado. No es fácil lidiar conmigo.

En realidad mis gestos no hablan del miedo tanto como de las ganas.

Estoy hecha un lío pero quiero que te enredes en él...

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