El punto de no retorno
Reflexionar sobre un punto de no retorno. Reflexionar para llevártelo contigo, adonde quiera que vayas en tu próximo paso hacia delante. Soy una persona dinámica, de constantes cambios y movimientos. Tomo mi vida como un tablero de ajedrez en el que mover una pieza significa ganar o no una partida. Pero no hay vencedores, sólo personas que se quedan en el camino o te acompañan. Superaciones y recaídas. Cayendo lentamente de nuevo. Esto no termina, pero a veces creo que soy yo quien se lo busca. Me pregunto cuántos pasos en falso di sin darme cuenta. Cuántas veces meto la pata en el charco, y si responde a un deseo de mojarse por tener alguna sensación aunque sea incómoda. Lo que más miedo me da es dejar de sentir. No poder seguir. No poder volver. Encontrarme en un callejón sin salida aparente. Pero me digo que sólo hay que leer el cartel de exit para encontrar la puerta adecuada, y al cruzarla no mirar más atrás, ni decir adiós por lo que pudiera pasar.
Lo que pudiera pasar es mi tormento cada día. Encontrar un sentido a ir encontrando respuestas. De qué sirve el cambio si nadie lo ve...y vuelvo otra vez a un punto equivocado de mí misma. Al final sólo estoy yo viviendo. Yo y mis circunstancias.
En una clase el otro día un profesor nos dio un consejo sabio, ante el que yo me revolví en el asiento. Decía que en cualquier relación las intenciones y las expectativas nunca deben de contar, que debemos basarnos en hechos presentes si queremos avanzar. Eso decía él en aquel día gris. Y terminó por asumir que aquello no daba más de sí. Me digo que si no quiero mirar de cerca el presente y me entretengo pensando en intenciones que en mi mente pueden cambiar las circunstancias, entonces es que hay algo que sigo sin querer ver del todo. Pero ver esto supone reconocer muchas cosas que aún suenan dolorosas. Reconocer que en un momento mi vida fue lo que quería hacer de ella, y que lo perdí (entre otras cosas) por mis asuntos sin resolver. Y ahora que hay espacio para poder reconocerme esto, para poder expresárselo a él, de nada sirve, nada cambia. En todo caso doy un paso más atrás. Y me encuentro sin saber qué hacer.
Tú me dices: no hay que hacer nada, sólo esperar y ver. Me alegro de que seas de los que piensan eso. Yo me resisto con uñas y dientes cada día a aceptar un axioma tan simple y eficaz, tendiendo a complicarlo todo más, a sufrir por las complicaciones, a llorar por no poder hacer.
Hace años me gustaba mucho aquel lema del liberalismo económico de "laisser-faire, laisser-passer" y ahora se me antoja difícil.
Estoy intentando expresarme, pero es complicado cuando la pantalla se emborrona ante mis ojos.
Lo que pudiera pasar es mi tormento cada día. Encontrar un sentido a ir encontrando respuestas. De qué sirve el cambio si nadie lo ve...y vuelvo otra vez a un punto equivocado de mí misma. Al final sólo estoy yo viviendo. Yo y mis circunstancias.
En una clase el otro día un profesor nos dio un consejo sabio, ante el que yo me revolví en el asiento. Decía que en cualquier relación las intenciones y las expectativas nunca deben de contar, que debemos basarnos en hechos presentes si queremos avanzar. Eso decía él en aquel día gris. Y terminó por asumir que aquello no daba más de sí. Me digo que si no quiero mirar de cerca el presente y me entretengo pensando en intenciones que en mi mente pueden cambiar las circunstancias, entonces es que hay algo que sigo sin querer ver del todo. Pero ver esto supone reconocer muchas cosas que aún suenan dolorosas. Reconocer que en un momento mi vida fue lo que quería hacer de ella, y que lo perdí (entre otras cosas) por mis asuntos sin resolver. Y ahora que hay espacio para poder reconocerme esto, para poder expresárselo a él, de nada sirve, nada cambia. En todo caso doy un paso más atrás. Y me encuentro sin saber qué hacer.
Tú me dices: no hay que hacer nada, sólo esperar y ver. Me alegro de que seas de los que piensan eso. Yo me resisto con uñas y dientes cada día a aceptar un axioma tan simple y eficaz, tendiendo a complicarlo todo más, a sufrir por las complicaciones, a llorar por no poder hacer.
Hace años me gustaba mucho aquel lema del liberalismo económico de "laisser-faire, laisser-passer" y ahora se me antoja difícil.
Estoy intentando expresarme, pero es complicado cuando la pantalla se emborrona ante mis ojos.
Comentarios
Publicar un comentario