SorpresaS

Un viernes, casi por pura casualidad, reapareces en mi vida y te encuentro frente a mí llorando por lo que fuimos. Yo despliego todo mi potencial como psicóloga que resuelve situaciones incómodas y decido poner mi mano sobre la tuya levemente mientras descubro que, pasados los años, ya no siento tus lágrimas. Aquí no hay deberías dubitativos. Simplemente creo que son cosas que pasan, y que el pasado sigue estando donde quedó. Me dices que dolió pensar que yo estaba feliz sin ti. No sé qué responder a eso. De alguna forma es cierto. A veces me cuesta tomar una decisión, pero sé que cuando la tomo es en firme y pocas cosas podrían hacer que moviera unos pilares que me costó ir construyendo.

Ahora el café no tiene sal pero tampoco azúcar. Qué quieres que te diga, me acostumbré a tomarlo así y consiguió no amargarme. No creo, y lo digo desde la humildad, que le puedas hablar de dolor a una superviviente y que te crea. Todas las frases están ya demasiado manidas. Y nada me sorprende, a pesar de que no deja de ser una carambola más del famoso eterno retorno. Todo vuelve. Entre la cantidad de cosas que he podido aprender ésta es, quizá, la que más clara tengo.

Supongo que siempre es bueno escuchar una disculpa, aunque el tiempo ya haya hecho su trabajo más que de sobra y sea cierto aquello de que no llegué a echarte mucho de menos. Algunos dirán que soy demasiado dura, "muy cojonuda". Bueno...supongo que las palabras y las emociones calan hasta donde pueden, y siendo sincera diré que las tuyas no me hicieron llorar ni siquiera por dentro.

Algunos me han dicho que soy rencorosa. No lo considero así. Creo que va mucho conmigo el hecho de que cuando alguien me ha intentado hacer daño mis reservas se manifiesten cuando esté ante esa persona en cuestión. Eso no significa que no sea capaz de aceptar una disculpa, o que no la agradezca. Pero me cuesta confiar y la lealtad es para mí un pilar fundamental por el que me rijo, independientemente de otras cuestiones.

Por otra parte siempre me ha parecido un juego de niños eso de entrar y salir en la vida de otros a libre antojo. Ni es tan fácil conseguirlo, ni se tiene en cuenta al otro como otro individual. Por eso intento hacer las cosas lo mejor que puedo, y por eso pido respeto a quien lo quiere intentar también conmigo.

Cada cosa lleva su tiempo. Si en unos cuantos años no has sido capaz de hacerme saber que me echabas de menos, si lo que he recibido de ti sólo han sido insultos o malos modos (dejémoslo así, entonces comprenderás que cinco minutos de palabras no sean suficientes para convencerme, y que no podrás hacerlo si yo no quiero que lo hagas.

No puedo darte la bienvenida ni un abrazo completamente honesto. Si es lo que esperas de mí, supongo que te haré daño en algún momento, pero también pienso que tú habrás sido responsable en gran medida de ello. Cada cual aguanta su vela, y yo lo he hecho. Ahora no es una cuestión de que quiera o no quiera. Es que aprendí a vivir sin ti, y me fue mejor que cuando estabas. Y me veo reflejada en lo que escribo aquí, más que en cualquier acto o gesto, que más bien lo hice por ti.

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