Yo quería un Ken

Cuando miraba al Ken me gustaba que tuviera el pelo un poco largo. Me gustaban sus músculos y averiguar qué se escondía tras ese calzoncillo pintado de marrón, como si ese espacio no existiera en su anatomía.

Yo quería a un Ken y cuando le daba vida en el juego me imaginaba a un hombre paciente, más bien callado, sereno, centrado y con las cosas claras. Me lo imaginaba siendo un gran padre, un gran marido de los que llegan a casa deseosos de ver a su Barbie y a sus hijitos y pasar tiempo con ellos. Lo imaginaba preocupado por cuidarse, adulador de las nalgas de Barbie y de su nuevo look. Lo imaginaba con gusto por la lectura, con gusto por el deporte de riesgo y una voz maravillosa. Lo imaginaba un treintañero maduro. Un hombre con la sonrisa siempre dispuesta, sensible a su alrededor, algo artístico.

Yo quería un Ken por Reyes, y dejé de pedirlo por la crisis (no la económica, sino la social)

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