Nuestro adiós

Esta noche me dueles mientras escucho lo que podríamos haber sido. Me duele tu sombra, me duelen tus hombros y mi cuerpo es un conjunto de tensiones que hubiera querido aliviar durmiendo al lado de tu voz y de tu olor. Cuando cierres los ojos sólo espero que pienses en mí por un instante. Que mi rostro te inunde el pensamiento con una sonrisa abierta. Que te duelan las manos por no tocarme más desde tu distancia. Y que después de haberme querido consigas ser feliz. Sólo deseo saber que estarás bien, sea donde sea y con quien sea. Que despertarás algún día al lado de una persona a la que ames. Que seas capaz de hacerlo, eso de decir te quieros y de cuidar las flores de tu salón. Que salga el sol para ti todos los días. Eres silencio y ausencia ahora, un vacío lleno de dudas que duelen. Un agujero negro en mi pecho que succiona la pasión y el amor que tú y yo fuimos.

Echo de menos ya a ese Ángel que me inspiró seguridad y unos brazos donde estar tranquila, y noches de sentirte pegado a mi cuerpo respirando al compás del sueño, sin poder separarte de mí cuando suena mi despertador. Se me cae la imagen de ti por momentos, se destruyen los castillos y los cuentos. Y dejamos de existir en este invierno.

Yo te quería querer más de lo que me dejaste hacerlo. Yo quería ser más de lo que pude ser. Quería que te recostaras en mi cuerpo y dejaras de sufrir. Y que siguieras mis pensamientos cuando vinieran tiempos malos. Que me hicieras el amor durante años.

Y al final sólo me queda imaginarte. Tus lágrimas y las mías. Nuestro adiós.

Nunca olvidaré tu paso por mi vida, ni tu pelo largo ni tu risa. Ni tu altura ni tu cuerpo. Ni cómo quisiste apostar, ni cómo dejaste de hacerlo.

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