Mi pregunta

Cuando te pasas toda la vida esperando a que llegue un momento (uno, concreto, idealizado, perfecto) y de repente te llega, te das cuenta de que nunca será tanto como imaginaste, ni tus expectativas podrán llenar los huecos que a la realidad le falta, aunque pongas toda tu ilusión en intentarlo al menos un instante. Compramos motos sin manillar y demasiados cuentos en determinadas épocas, y nos hartamos de consumir películas de amor que nos llenaron de pájaros la cabeza. Quizá madurar implica perder esa intensidad que te caracterizaba precisamente por el orgullo que te generaba saber que la tenías y lo molesto que resultaba para los demás verte disfrutar tanto de algo. Quizá implica estar pensando siempre en las consecuencias, mirar hacia el futuro y preguntarse, y seguir preguntándose sobre el presente una y otra vez (¿es esto lo que quería?) Me doy cuenta de que soy especialista en encerrarme en cuartos de baño para llorar con un cigarro al lado todo lo que me prometieron y nunca fue cierto. En llorar mis múltiples ideales absolutos para permitir que se resquebrajen al atravesar la puerta. Que escribir me ha servido sobre todo para colorear lo gris de lo real. Y que después de tanto hablar tiendo a callar cuando algo me ocurre y no sé qué hacer con ello. Me replanteo mi deseo de traer hijos al mundo, más que nada porque no sé qué les diré. Me debato entre la idea de seguir con la tradición de cuentos que se acaban cayendo dolorosamente, o presentarles frente a sus ojitos curiosos una realidad que podría resultar aplastante. Y ninguna salida me convence. Hacia fuera todo puede parecer un golpe de suerte, un giro del destino ante el que debería derretirme y no pensar. Pero hacia dentro me pregunto, me cuestiono, hasta dónde, si es esto...y me aplastan la pregunta con toda su magnitud ¿esto es? ¿será esto? porque por momentos no lo quiero, pero quizá...quizá pueda afirmar que aún me queda de esos tiempos mi curiosidad infantil y mi impaciencia.

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