Hay un silencio
Hay un silencio que me acompaña. Sentada en una silla negra reclinable, el aire llega hasta mi piel y me estremezco. Es entonces cuando cierro el libro, quedándome quieta ante mi propio mutismo interior. Me pregunto qué hace allí, ese silencio abrumador. Sé que si tuviera que comenzar a hablar en ese momento no podría salir ni un solo sonido de mi interior. Como si todo se hubiera vaciado y no fuera capaz de pensar en nada. Como si el tiempo se hubiera congelado en mis venas, junto con mi sangre. Mis piernas suaves, mis brazos fuertes, son un sostén inquebrantable. Me duelen y los siento más aún, soy consciente de mi límite externo. No obstante, hacia dentro hay miles de cosas fluyendo que no puedo identificar. Por eso callo. Porque hay palabras que nunca debieron ser nombradas, y construcciones gramaticales que no son dignas de mención ahora, si no pueden explicar lo que hay de verdad en mi interior ante la presencia de mi vida. La extraña vida interna que se me lee en los ojos y en los gestos más efímeros. La extraña vida interna que ahora calla...para dejarme sola y sin saber sentir.
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