Lo que no fue

Se pierde una voz entre los días. No me atrevo a intentar recuperarla por si llega ese momento en el que rompe el aire la emoción y la voz tiembla y se apaga. El instrumento que vibraba tiene ganas de callar. Tiene ganas de erigir un monumento al silencio, un monumento al final, un monumento a tu cuerpo. Si las llamas de frases susurradas hubieran permanecido encendidas toda mi piel hubiera terminado por arder en fuegos inextinguibles. Hubiéramos terminado quemándonos en la hoguera, como si de un gran pecado se tratara. Se mezclaban arte y dolor en nuestras formas. Se mezclaban reencuentros y despedidas. El caos anidaba nuestras mentes, y entre el ruido preferíamos lo impulsivo y lo fugaz. Pero no sintonizábamos más allá. Nunca fuimos capaces de conocernos, de compartir, de hacernos felices. Como si nos hubieran arrancado algo de dentro, imaginábamos el amor en el pasado de otros labios. Y los nuestros callaban los secretos por temor a descubrir la gran farsa en la que nos creíamos a salvo. No hay culpables de dagas y puñales danzando en el aire, de telarañas perpetuas, de intentos fallidos. Tú quisiste hacerme un hueco en el armario, un lugar en la cama, un retrato de mí. Pero no me reconocía en ningún lugar en el que estuvieras cerca. Porque no eras tú quien hablaba, sino lo que querías ser y no podías. Porque no era a ti a quien miraba. Ni era yo contigo.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Vacío fértil

Siete esquinas,7

la varita