Cepillo de dientes

Así, como quien no quiere la cosa, te acabas de acordar (memoria de pez) de que hoy decidiste porque sí comprar dos cepillos de dientes en vez de uno. "Por cierto, te he comprado un cepillo de dientes, porque como te quedas tantas veces en mi casa, para que tengas uno aquí" Y mis defensas contestan sin hablar "joder, otra vez con los putos cepillos de dientes. Se comienza por eso, luego la toalla para ti, luego las zapatillas...y dos meses después me estás pidiendo que pase menos tiempo en tu casa. Otra vez no" Pero mi cara sólo puede reflejar perplejidad y hago eso...eso de enrollarme como un ovillo sobre mi propio cuerpo, de esconder la cabeza entre las sábanas, como si estuviera cansada. Y tú, que me captas ya todos los gestos de tanto como me miras al día, por pura probabilidad te has dado cuenta de que lo he hecho, eso de esconderme ante algo. Tu cepillo de dientes me da pavor. Y sólo se me ocurre preguntarte el color...¡el color! no vaya a ser que sea verdad eso de que las historias se repiten como un círculo. Me digo a mí misma "por favor, por favor, que no sea amarillo otra vez...demasiadas coincidencias" A lo que contestas "hay uno verde y otro azul" Y yo me callo. No quiero elegir. Tengo ganas de decirte, a traición por todo: "idos a la mierda con vuestros cepillos de dientes" Pero no puedo hablar y me miras intentando cazar el gesto definitivo que justifique tu pregunta, que sueltas minutos después, tras irte al baño y tirarlos al suelo como un niño pequeño en un intento por hacerme sentir mejor y decirme "no tiene importancia, Alex" Cuántas veces me has preguntado ya si no noto que me quieres en tu forma de tratarme...

Puntos suspensivos. No se me ocurre nada mejor para dar paso a tu pregunta. Me miras a los ojos, te miro a los ojos. Te digo "hice contigo una promesa" y me obligo a hablar. Me pregunto por qué hay escenas de mi vida que resultan realmente de película. Llámalo X o ciencia ficción o terror. Y te hablo, por fin. Hago lo que nunca he hecho en mi vida. Saco la cabeza de las sábanas y me enfrento a mis sensaciones asfixiantes y te explico. Porque luego me dicen aquello de que no hay quien me entienda...y yo de eso ya estoy harta también. Soy tan transparente, y tú tan inteligente que las coges al vuelo. Hace tiempo que te uniste a mis alas y recorremos el cielo los dos.

Un nombre. Un nombre para un juego sin importancia. Escribes y te callas, y yo leo. Leo que nos has puesto un "nosotros" Parece que no tiene importancia, pero en mi mente psicológica puedo leer también entre líneas. Qué bonito que utilices el plural con esa naturalidad que caracteriza. Y aquí no ha pasado nada. ¡Corten! Vuelvo a la pregunta.

...Me miras a los ojos y me dices "¿estás enamorada de él?" Me sorprende entonces la rapidez con la que aparece una respuesta en mis labios: "No" Y es un no rotundo, inconfundible, deseado durante meses, sin vuelta atrás ("hice contigo una promesa...") Pero tus ojos dudan, y me explico. "Hace unos meses yo...pero ahora tú...yo pensaba que nunca...y sin embargo..." Así que voy al baño, y mientras estoy sentada en la taza me fijo en los cepillos: "2x1" qué fácil. Joder, ¿cuánto te costaba coger simplemente uno, el que te hacía falta para ti? ¿por qué no me has dejado decidir? Y te visualizo en el Mercadona en la sección de todo un poco que todo el mundo llama mercería, frente a los cepillos de dientes pensando en mí, diciénndote a ti mismo que hoy tendrás ese pequeño detalle conmigo, pensando en nosotros, acordándote de que existo. Me digo entonces si no es eso lo que siempre he querido: alguien que además de comprarme un cepillo de dientes piense en mí y me demuestre que me quiere con cada uno de los gestos que realiza durante el día. Y ese eres tú en el Mercadona.

Así que recojo los cepillos del suelo y los coloco, envueltos aún, encima del lavabo. "Azul" decidido. Vuelvo a la cama, me tumbo a tu lado y te digo "quiero el azul" mientras pienso "si tengo que elegir algo, que sea el color" Me sonríes con mirada triste y me das un beso. Venga, todo arreglado y aquí no ha pasado nada. Lo estoy intentando. Lo intento. Contigo. ¿No puedes verlo?

Me tomo el café por la mañana. Sabes que no he dormido bien. No recuerdo lo que he soñado, pero a veces te pegas mucho a mí y eso me agobia. Me agobian tantas cosas...y no es más que el puto miedo que me ronda, mi sí pero no del freno de mano y mi manía de tener que conducir yo. Esta mañana me miras como pidiéndome disculpas, o intentando ver mi reacción (¿se ha levantado contenta?) Después del café me dirijo al baño y te digo "me voy a lavar los dientes" ¡Menudo anuncio! Pero es mi forma de decirte tantas cosas...

Salimos por la puerta y en el ascensor te doy los buenos días con una sonrisa. "Por fin" me dices riendo y acercándote. Ahora sí.

Buenos días. Ya puedo hacer frente al viernes. A veces me cuesta sonreír, pero acabo haciéndolo. Si alguien sabe cómo llevarme, ese eres tú. Y lo agradezco. A mi manera, que ya conoces.

Puede que el azul sea finalmente el amor.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Vacío fértil

Siete esquinas,7

la varita