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AZul ibiZenco

Bajo la luz de una vela que impregna el aire con olor a mango, la persiana bajada sólo la mitad, y las sábanas recién lavadas, me tumbo contemplando la pared azul ibicenco. Pienso que me gusta ese azul, algo atrevido, en la principal, y en la cantidad de veces que lo veré a partir de ahora. Pienso en cómo lo llamaría yo (¿añil?) en cualquier caso, todo tiene nombre propio ahora, y al final me parece relativo. Me haces cosquillas. Te ha molestado, lo sé. Pero no puedo decirte todo así, de repente. Necesito pensar todavía que me queda espacio para poder echarme atrás si no me convence. Necesito engañarme y no verme en las mismas otra vez, contemplando paredes mientras se dibujan miles de preguntas en ellas. Pero te abrazo desde abajo, y me llega tu olor tibio y tu sonrisa. Te me quedas mirando en silencio y haces un gesto más...aún no sé. No sé qué significa ese, pero ahora quiero averiguarlo. Te separo el pelo de los ojos y los miro directamente, tan cerca. Y de pronto sé que no volveré...

Desastre

Pequeño desastre...te me vienes a la mente y no puedo más que intentar ahuyentarte. Cuántas veces tu rostro será confundido en el camino. Cuántas lágrimas más, en cuantos coches, en cuantos pisos. Desde el primero no podría rebotar y alzarme sobre el cielo que aquel día compartimos. No podrías escucharme llorar. Tienes los oídos cerrados desde hace un tiempo ya. Y sólo quiero pedirte que me dejes disfrutar. Cuando alguien esté a mi lado sonriendo de manera diferente a la tuya, con otro color de ojos, con otro cielo de fondo...que me dejes de cantar en la memoria, de bailar en las salas repletas de gente. Que me dejes de vivir tan dentro. Que te vayas. Sin despedidas. Que simplemente salgas cuando abra la puerta por las mañanas para ventilar la casa. Que no fuiste lo mejor, ni lo único. Pero quisiste ocupar el lugar privilegiado y yo te lo di con tantas ganas de que lo llenaras en verdad que casi me olvidé del resto, que era yo. Y ahora te llevo conmigo. Te llevo al respirar, al cantar,...

Cambio

Lo dije hace años, cuando los españoles no paraban de quejarse de los inmigrantes que venían. Las puertas del país abiertas para quien no podía quedarse en realidad. Me quejé de esas maravillosas frases de mis compatriotas sobre los países de origen de dichas personas, y me di cuenta de esa parte humana que me caracteriza. Me puse en su lugar, y ahora no puedo decir que no siga estando en él. Apuesto por las mezclas, la diversidad, la convivencia y la libertad. Apuesto por el progreso. Y la mezcla es progresar. Dije "España tiende a radicalizarse, y dentro de unos años no me extrañaría que la derecha extrema tomara el poder por mayoría, volviendo con ello a esos tiempos donde los jóvenes se quejaban porque un hombre bajito y acomplejado había decidido gobernarnos a todos, así sin más" Y nadie me escuchó. Esta mañana me he puesto a analizar después de haber escuchado la radio y estaba contenta. Me siento orgullosa de que la población de mi edad se mueva y se coloque en sol par...

Quizá

Estaba cansada. Deseando apoyar la cabeza sobre mi almohada y dormir. Dormir...últimamente le doy la importancia que tiene precisamente por no tener horas para hacerlo, o dedicarlas a otras cosas. Pero me despertaste el cuerpo sobre un asiento de tela inclinado hacia atrás, y no pude más que seguir el deseo que inspirabas. Y así, hora tras hora, nos sorprendimos amaneciendo un nuevo día y yo dije "está amaneciendo" y él quiso olvidar el tiempo. Pero yo, tumbada en aquella cama desconocida aún, me di cuenta de que el tiempo deja huella cuando pasa, y que el miedo no deja de acompañarme. Quizá más que el miedo la duda. Y me escucho pensando si eso será realmente lo que quería. Si mi vida se torció en un momento del camino...pero qué quieres que diga ante eso: que ya es sólo pasado. Y que no puedo hacer más con lo que se escapó de mis manos, lo que está lejos, lo que no es sólo mío. No hay tiempo, sin embargo, para lamentarse más. He decidido simplemente adaptarme por primera ve...

Piernas entrecruzadas

Me enredo. Respirando acelerada a tu lado, a dos centímetros de tu piel. Muñeco, no sé cómo lo has hecho pero yo no soy así...No suelo quedarme a dormir, ni tomar cafés por las mañanas, ni apostar en la ruleta rusa por si la bala me dispara. Pero todo tu cuerpo abraza al mío y de pronto entiendo que todo está bien así, que todo está bien allí, en ese piso silencioso y tranquilo, ordenado y recogido. Todo está bien entre tus sábanas, y mi cabeza descansa apoyada en tu almohada. Dame cinco minutos para entender qué es lo que pasa. Cómo he saltado de una cosa a otra, cómo he sido capaz de dejar estos últimos meses atrás y caminar con paso firme. Cómo apareciste a mi lado. Cómo tus besos son la mezcla de una vida, y eres tantas personas a la vez. Cómo puede ser que todo gire tan deprisa. Me puedo imaginar muchas mañanas, muchas noches más, muchas miradas. Y da miedo pensarlo. Cómo entras de esa manera tan temprana y sorprendente. Cómo te quedas un buen rato, bailando juntos a través del ti...

Sístole y Diástole

Cuando la fantasía se hace real...un paréntesis, nada más. Un instante de comunión con los impulsos, con lo que había de mí tan antiguo y olvidado. "No eres como antes..." y me pregunto cómo era antes. En el fondo no era más que lo que tú querías ver de mí. Pero la fantasía no puede mantenerse. Cae por su propio peso. Demasiado alto, demasiado alegre, demasiado todo. Así que luego el día se convierte en algo extraño. Me siento ya dividida por miles de Alex: la niña, la adulta, la calmada, la sexual, la emocional...y todas dando vueltas a mi alrededor diciéndome sin cesar "elígeme a mí" pero no quiero escucharlas. Sólo necesito dormir. Comer y dormir. Y hacer eso hoy será suficiente. Hay un punto del día de hoy donde siento que llego a una desestructuración. Quizá tengo el inconsciente más abierto, el corazón más abierto, la mente más limpia para lo sucio. Ya no sé. El no sé...viene con frecuencia. La necesidad de seguridad se vuelve ansias de libertad por momentos. ...
Se dirigió hacia su casa. Iba buscando respuestas con unas llaves en la mano. Las cogió uno de esos días que él dormía encerrado por decisión en el cuarto de al lado. Quizá no debería haberlo hecho, eso de cogerlas sin permiso. Le conocía y él no se las hubiera dado. Lo hubiera considerado una falta de respeto de esas en las que tanto le gustaba pronunciarse. Hubiera dicho "entrará en mi intimidad, y todo estará perdido. Se dedicará a romper lo que quede de mí, en un intento de destruir" Ella lo sabía. Pero había querido tenerlas en su poder igualmente. Poco le importaban ya las consideraciones, esas que habían brillado precisamente por su ausencia cuando más las habría necesitado. Así que ahora no tenía miramientos para introducir la llave principal en la puerta blindada y penentrar en su espacio privado. Al final en ese espacio ella había sido, de alguna manera, ella y su sombra. Ella y la marioneta movida por hilos que se hacían llamar amor idílico. Caminando desnuda por a...