Ser
Con las manos atadas, esperando órdenes del ser superior me hallaba. Callada, por minutos mi libertad se iba esfumando en cada tic tac y yo fumaba para calmar la ansiedad que genera no ser nada.
¿Qué tanto riesgo?, te preguntarás.
Fallar, incomodar, ser cuestionada en mi pensamiento, mi emoción, incluso mi ser por entero.
¿Eres buena persona?¿Lo fuiste alguna vez? Bajo tu imperio, romano, sólo se podía abdicar. Rey supremo de esos años, la toalla como toga. Juez del bien y del mal. Tenías que abrir tú las aguas, partías en dos, y sólo quien te seguía, caminaba.
Qué camino es este de perderse en las huellas que tú dejas? Qué voluntad? Qué voz? Qué validación? Qué niña revivida en sus heridas si decidías abrazar. Qué dolor cuando te ibas tras la noche oscura del alma.
Pero falta una parte de la historia. Que yo también diosa, Cleopatra, digna heredera, me quejaba y revolvía en las trincheras de la guerra que proponías. Asesinada en las palabras de los demás, le di muerte a mi diosa en el veneno que otros pusieron, tú el primero, cuando creías los mitos inventados por los enemigos.
Se te olvidó que siempre dije la verdad. No pudiste tolerar la dignidad final de darle muerte al personaje que te enamoró y a mí me consumía, tanto como tú lo hacías con tus formas.
Hay límite en el amor y no es la muerte. Se llama caer del pedestal, ser humilde, humana y vulnerable, y no dejarse hundir más por quien te ve mal; por aquel que no hace nada más que seguir creyendo en el brillo del espejismo, ese que caracteriza a quien lleva la oscuridad dentro y no sabe qué hacer con ella.
Yo, me rindo. Y vuelvo a ser simplemente un ser. Sin nada de especial pero bajo mi propia libertad.
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