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Desamor

Y morderme los puños por no pensar en ti, y golpear paredes, o almohadas, o recuerdos. Dicen que las lágrimas son intentos de sacar, cual cuerpos extraños, las imágenes de otros que hacen daño. Pero tú nunca serás un cuerpo extraño y por eso no puedo llorarte. Ahora no consigo traer a mi lado tus labios, tus maneras, tu voz o tu forma de mirar. Ya las manos tuyas me abandonaron la piel, y dejaste de ser la huella sobre mi vientre. No recuerdo ni tu olor, ni tus palabras, ni quién eras. Te quedaste inmóvil en el quicio de la puerta y yo la cerré bruscamente para que no me inundara tu ser, inventado en realidad por mis anhelos y mis faltas. He querido decirte adiós sin pronunciarlo, y el resultado ha sido sólo silencio de nosotros. Cuando vuelves lo haces sin saber exactamente en qué o para qué. Sólo incordiando con lo que ya no es. No puedo sentir entonces mas que las ganas de golpear mi vida una vez más con tu entrada en escena, o golpear en todo caso la pared, por querer morirme lenta...
Eres el Hamlet de Shakespeare. La eterna duda entre el ser y no ser, y cómo seguir siendo. Eres la sensibilidad camuflada de defensas. El misterio de lo desconocido. Algo inquietante, asombroso, variable. Eres el progreso hacia el pasado. Las palabras camufladas, esa máscara tras la que te escondes por no gritar algo entre susurros. La interrogación y el temor. El límite de lo prohibido y deseado. El que nunca sabe si sabe lo que debería saber. Apareces y desapareces en un tremendo acto para ti mismo, que acaba con tu mutis por el foro si entra en escena una protagonista o dos. Eres la triangulación sin acabar. El mar que cambia de color según las profundidades que muestre a los ojos de quien se encuentra esperando en la orilla. Eres mi fantasma más desconocido. El dilema entre el ser y el tener, entre el imaginar y el hacer. En tierra de nadie te quedas callado por si de repente por tu boca salen palabras que nunca quisiste escuchar.

Me pregunto

Se me juntan palabras, ilusiones, ideas, soledad. Se me junta todo, pero más que nada aparece el sol en un horizonte nublado. No fui experta en terminar lo que empecé, ni en responder a preguntas sobre quién eras. Contengo mi intensidad y mis maneras, mi interés y mi impaciencia. Contengo mi ser para que no vuele junto a la idea de ti, junto a la idea de una representación que nunca será igual a la correcta. Pero te imagino, y no puedo evitarlo, como una enredadera llena de flores en esta primavera que no llega. Tus ojos sobre mis palabras, sobre lo que yo soy a través de lo que escribo. Te intento averiguar: tus pasos, tus gestos, tu forma de querer, si en este instante estás solo o acompañado, o en qué piensas. Te intento encontrar en los posos de un café que se quedan en el vaso, como si no fueran nada en realidad. Te intento alcanzar con esa frase de alargar la mano y tocarte, tocar mi fantasma y el tuyo. Esperar que coincidan en un instante mágico. Esperar que se reconozcan como d...

Un mal comienzo

Me desvelo a las seis y media de la mañana porque te me has colado en la cabeza sin permiso. Tú y todos tus recuerdos. Tu imagen, tu risa, cosas que vivimos juntos. Decido bajar a comer algo de chocolate mientras veo amanecer lentamente (todo lo que puede amanecer en un cielo nublado) Y poco tiempo después estoy tumbada sin poder dejar de pensar, en lo que se suponía mi intento por quedarme dormida debido a mi incipiente dolor de cabeza. Pero decido levantarme, porque para dar vueltas, las doy paseando. Entonces me digo que quiero cambiar de look, pero parece que hasta mi pelo se resiste al cambio y ocurre que, como dirían los expertos, me escupe el tinte. Y vuelve a ser casi negro otra vez cuando había elegido un color tirando a ámbar...que alguien me explique estos fenómenos porque comienzo a pensar que sólo me pasan a mí. Mientras pienso en denunciar al fabricante al menos me queda la alternativa de tomar un café con una amiga y cotillear un rato, pero en ese momento suena mi móvil ...
Me invento para no acabar. Algunos dicen que me volveré loca. Yo pienso que es difícil que, después de tanto, estuviera completamente cuerda. También creo que la mente es eso: una cuerda floja, y nosotros los equilibristas sobre profundos abismos, de puntillas pasando siempre de un lado a otro intentando no caernos. Creo que abrir puertas inconscientes y expresar su contenido significa estar más cerca de sostenerse sobre la cuerda de que caer al vacío. Si el vacío es aquello desconocido, profundo, misterioso...mejor conocerlo para saber bien sobre qué tipo de material deslizamos nuestros pies a cada momento. Las personas más integras son las más relajadas, las menos estiradas, las que se permiten el humor en los peores momentos, las que hablan del tiempo en funerales, y de la vida en los cafés. Las personas más cercanas al punto medio son las que han conocido a fondo los extremos. Las que han oscilado más de un lado a otro, las que han aguantado más el viento en esa cuerda. Las persona...

Niebla

Cuando despertaba en California siempre había niebla. Una de las grandes satisfacciones del día era esa: despertar en una casa desierta, salir a una terraza de madera suspendida sobre un frondoso bosque de altos árboles, y contemplar cómo amanecía en la bahía de San Francisco sin poder ver apenas la ciudad a lo lejos. Me sentaba con el primer café de la mañana y el cigarrillo, y se acercaba a la cristalera Pumba, un Golden Retriever sediento de cariño y atención. Ladraba suavemente para que le abriera. Era quizá el único al que permitía tumbarse a mi lado para compartir la escena. Acariciaba su pelaje largo y tostado desde mi soledad invadida por su presencia silenciosa. Y pensaba entonces que, con distancia, mi mente se abría al presente y todo lo anterior quedaba lejos y olvidado, como si hubiera sido un mal sueño. Era feliz en ese instante que quedará en mi memoria como eterno.

Recordaba

Yo quería que estuvieras en aquel atardecer de notas y voces llenando silencios internos. Quería girarme y verte, encontrarme con tu mar calmado para poder compartir la bruma, la sal en la piel, la humedad del llanto. Pero no estabas, como otros muchos...Tantos que no me alcanzaba la memoria para todo el recuerdo. Tú, sin embargo, atravesando el tiempo te colabas en el auditorio y escuchabas junto a mí, porque yo te lo enviaba con energía adonde quiera que estuvieras entonces. Te decía "¿te acuerdas de aquel concierto de flamenco?" Te preguntaba si te estaba gustando y respondías con una sonrisa. Me cubrías los hombros con tu abrigo al notar mi frío. No me dejabas temblar. Pero lo cierto es que no estás ya en ningún atardecer, ni puedo con mi voz alcanzar tu mirada. Ni puedo convencerte de que escuches las palabras que nunca fueron dichas. No puedo hacer que estés en el presente. Pero me queda aún un último intento de hacer que este vacío se haga menos intenso, de que tu olor...