Soma

Son las 4.30 y sólo puedo llegar a casa y comer, comer, comer...como si me fuera la vida en ello. Hay días, conversaciones que se podrían borrar. Me pregunto qué hubiera pasado si esos días no hubieran existido. Como como si me fuera la vida, para llenar esa sensación de estómago vacío seguido de náuseas. Como porque no puedo llorar más. Y me entra frío, mucho frío ante la falta, ante el vacío. Pienso que este frío, sentido tantas otras veces, sólo puede significar una cosa: que te irás, o que ya no estás. Tengo ganas de huir por miedo. No, la vida no es un juego. Nunca lo fue para mí, y ahora mucho menos.

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